España lidera el paro juvenil en la UE con el 25,4% mientras el Gobierno presume de récord de empleo
La incorporación al mundo laboral más tardía de los jóvenes, con una tasa de empleo entre los 16 y los 29 años 15 puntos porcentuales inferior a la de 2007, hará más difícil completar carreras laborales suficientemente largas para lograr una pensión a la edad ordinaria de jubilación que le permita mantener su nivel de vida previo. Los jóvenes de hoy que se jubilen en 2065 y que solo hayan podido cotizar 30 años, tendrán que compensar sus menores cotizaciones demorando la jubilación hasta los 71 años. Además, con la última reforma, deberán realizar un mayor esfuerzo de aportaciones a la Seguridad Social para recibir una pensión con una tasa de reemplazo (relación entre la primera pensión y el último salario) dos puntos porcentuales más baja que la actual. Si, además, se implantaran en el futuro las reformas que se están aplicando en otros países de nuestro entorno, se produciría una bajada de la tasa de reemplazo de entre 10 y 20 puntos porcentuales adicionales. Es decir, en el caso de las personas que solo pudieran acumular 30 años cotizados, la tasa de reemplazo sería del 57,6%, frente al 77,1% de los que hoy se están jubilando con ese mismo número de años trabajados.
El Gobierno aprovechó ayer el nuevo récord de empleo alcanzado en junio para destacar el buen comportamiento del mercado laboral en un colectivo concreto: los jóvenes. Sin embargo, coincidiendo con la publicación en España de los datos de Trabajo y seguridad Social, Eurostat difundía una estadística que vuelve a situar a nuestro país como el farolillo rojo de la UE en términos de paro, en general, y de desempleo juvenil, en particular. Un jarro de agua fría que cae en un contexto en el que los jóvenes empiezan a asumir que van a tener que trabajar más años que sus padres si quieren cobrar una pensión digna.
El pasado mes de junio el mercado laboral empezó a calentar motores para el verano impulsado por el sector servicios. El paro se redujo en 48.920 personas, hasta dejar el total de desempleados en algo más de 2,4 millones, y la Seguridad Social sumó 76.720 afiliados, lo que elevó el número de cotizantes por encima de los 21,86 millones, nuevo récord histórico. En sus valoraciones, tanto la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, como la titular de Seguridad Social, Elma Saiz, destacaron la evolución del empleo entre los jóvenes, con un crecimiento de la afiliación en menores de 30 años del 28% desde la reforma laboral, frente al 12% de media, y una reducción del paro entre los menores de 25 años hasta los 166.707, mínimo histórico.
Apenas unas horas después, Eurostat volvía a señalar a España como el país con más paro del entorno europeo (un 10,8%, frente al 6,3% de la eurozona y el 5,9% de la UE) y nos sacaba especialmente los colores en lo que se refiere al desempleo entre los menores de 25 años, al fijar una tasa de paro juvenil para España del 25,4%, la más alta del bloque comunitario, nada menos que diez puntos por encima de la media de los países del euro.
La elevada tasa de desempleo es, no obstante, sólo una cara de la moneda de la precariedad laboral que sufren los jóvenes. Del otro lado, la incorporación tardía al mercado de trabajo, con una tasa de empleo entre los 16 y los 29 años del 43,2%, 15 puntos inferior a la registrada en 2007, se ha convertido en el principal obstáculo para que los jóvenes de hoy en día logren completar carreras laborales suficientemente largas para cobrar una pensión que les permita mantener su nivel de vida.

En paralelo a ese retraso en el acceso al empleo, las medidas introducidas en la reforma de las pensiones que diseñó el exministro de Seguridad Social y actual gobernador del Banco de España, José Luis Escrivá, también van a afectar a la jubilación de los jóvenes, hasta el punto de que tendrán que alargar varios años su vida laboral si quieren percibir una pensión que se equipare al máximo a su último salario.
Así lo revela un estudio elaborado por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie), que concluye que el retraso en la incorporación laboral de los jóvenes y la última reforma de las pensiones elevará en 2065 la edad de jubilación hasta en seis años si se quiere mantener el nivel de vida previo.
El informe proyecta el impacto que tendrán dentro de 40 años modificaciones como el aumento de la edad ordinaria de jubilación a los 67 años con menos de 38,5 años cotizados en 2027 y la subida a 37 años cotizados necesarios para alcanzar el 100% de la base reguladora; la ampliación del número de años para calcular esa base, hasta considerar los 27 mejores años dentro de los últimos 29 en 2044; o el Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI), que aumenta el tipo de cotización en 0,1 puntos por año desde el 0,8% en 2025 hasta el 1,2% en 2029 «y aumentará aún más si el déficit de la Seguridad Social se incrementa».
Para calcular su impacto utiliza la tasa de reemplazo, que mide la relación entre la primera pensión que percibe una persona y su último salario. Cuanto menor sea la duración de esta carrera laboral, más baja será esta tasa, es decir, menor será la pensión respecto al último sueldo. De modo que los jóvenes que se incorporen tarde al primer empleo tendrán que prolongar su vida laboral más allá de la edad legal de jubilación para conseguir una pensión que les permita mantener el tren de vida, salvo que dispongan de un ahorro acumulado suficiente.
Según el estudio, con la legislación actual proyectada a 2065 se obtendrá una tasa de reemplazo del 90% (que equivale aproximadamente a una tasa neta del 100%, lo que significa mantener el nivel de vida previo) con 40 o más años cotizados y con una edad de jubilación de 65 años. «Para conseguir la misma tasa de reemplazo con una carrera laboral de 35 años se deberá demorar la jubilación hasta los 68, y hasta los 71 con sólo 30 años cotizados», según sus cálculos.

Con esta base, el informe apunta a que la reforma de Escrivá anticipa «un ligero ajuste» en la tasa de reemplazo futura de los jóvenes, de entre uno y dos puntos, respecto a la que se obtendría de mantenerse la legislación aplicada en 2025. «En el caso de los jóvenes que solo hayan podido cotizar 30 años, se pasaría de una tasa de reemplazo del 77,1% actual a un 75,3%, para los que se jubilen en 2065», ejemplifica.
Incluso, recuerda que la actual normativa contempla la posibilidad de aprobar reformas adicionales si el gasto en pensiones se desvía, y señala medidas como la ampliación del periodo de cómputo para el cálculo de la pensión, lo que perjudicaría aún más a quienes se incorporan tarde al mercado laboral y con salarios bajos, o la vinculación de la pensión inicial a la esperanza de vida, como preveía el derogado factor de sostenibilidad.
La aplicación de estas medidas reduciría la tasa de reemplazo entre 10 y 20 puntos, de modo que con solo 30 años cotizados la pensión sería de apenas el 57,6% del último salario, frente al 77,1% actual. En el caso de los que sumaran 35 años cotizados, la tasa de reemplazo sería del 70,2%, frente al 87,5% actual y, por último, para las personas que sí lograran cotizar 40 años, la caída de la tasa sería de 10 puntos porcentuales (80,2% frente al 90,6% actual).
El estudio señala, por último, varios indicadores que dan fe de la elevada precariedad laboral de los jóvenes, como el hecho de que el 25,3% trabajan con contratos a tiempo parcial o el 34,4% son temporales. Además, cobran salarios un 34% inferiores a la media y sus rentas se sitúan en torno a los 20.800 euros anuales. «A esta menor capacidad salarial se suman las dificultades para lograr una carrera laboral de larga duración, lo que incidirá en una menor tasa de reemplazo en la pensión futura», constata.
Para la Fundación BBVA e Ivie, el panorama que se presenta para los jóvenes es «incierto, ya que podría haber reformas futuras que afectaran a la tasa de reemplazo en función de la evaluación trienal del exceso de gasto». «Aun en el caso de que no haya modificaciones normativas, los jóvenes actuales van a tener que realizar un mayor esfuerzo contributivo y soportar una reducción de la tasa de reemplazo, mayor cuanto más disminuya su carrera laboral», aseguran. Esta reducción, a su juicio, «se podría eludir demorando el momento de la jubilación». «Sin embargo, si la reforma se intensificara con las medidas adicionales comentadas para reducir el déficit del sistema, el impacto negativo sería mucho más significativo», advierten.



El informe ”Presente y futuro de la juventud española” publicado por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas concluye que los jóvenes actuales, deberán retrasar su jubilación, y por tanto continuar trabajando, hasta los 71 años para mantener su nivel de vida.
La información que salió en los medios es correcta, si tenemos en cuenta la tasa de empleo del conjunto de jóvenes entre 16 y 29 años, que se sitúa en el 43’2% pero también es cierto que la tasa de ocupación actual de los jóvenes de 25 años en adelante es del 71%, lo cual indica .que, de continuar haciéndolo ininterrumpidamente hasta los 65 años, podrían acumular 40 años de cotización, lo que les permitiría jubilarse a los 65 años y con el 100%, ya que según la normativa actual, a partir de 2027 la edad ordinaria de jubilación será de 67 años (o 65 años si se tienen cotizados más de 38 años y medio) y será necesario tener 37 cotizados para cobrar el 100% de la pensión.
Por tanto, si nos atenemos a los datos sólo de mayores de 25 años, se puede hacer otra lectura mucho más positiva que sería: el 71% de los jóvenes actuales se jubilarán a los 65 años con el 100%.
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La tremenda losa del desempleo juvenil impedirá acumular una vida laboral lo suficientemente extensa y consistente como para poder disfrutar de las jubilaciones y de su cuantía de las generaciones de los padres. Sin años cotizados, no quedará más remedio que seguir en activo. Para los políticos de la izquierda que hoy se permiten sacar pecho de un supuesto milagro laboral en esta España líder en paro juvenil en Europa, el futuro de un retiro a los 71 años ni los ocupa ni los preocupa.
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