Los boomers, la generación nacida durante desde finales de los 50 y los 60, tienen varios mitos compartidos: se esforzaron mucho para comprarse un piso, dieron sus hijos la mejor educación, algunos dicen que corrieron delante de los grises. Esta generación ya ha empezado a jubilarse y se constatan varios temas.

Los pensionistas ya ganan más que los trabajadores jóvenes
Los datos revelan un panorama preocupante: en apenas dos décadas, los menores de 35 años han pasado de concentrar el 7,5 % de la riqueza nacional a apenas un 2 %, mientras que los mayores de 75 han incrementado su cuota del 8 % al 20 %. La riqueza mediana de quienes nacieron en los años 80 es casi un 50 % inferior a la de los nacidos en los años 60, lo que confirma que el ascensor social se ha frenado para las nuevas generaciones.
El deterioro también se refleja en la renta. Entre 2008 y 2024, los ingresos reales de los trabajadores de 18 a 29 años han caído un 3 %, frente al incremento del 18 % registrado entre los mayores de 65. De hecho, las nuevas pensiones de jubilación ya superan el sueldo medio de los menores de 35 años (1.760 euros frente a 1.670). En términos de consumo, solo los mayores de 65 han logrado aumentar su gasto real desde 2006, con una subida del 5 %, mientras que los menores de 30 lo han reducido en un 36 %.
La vivienda es otro de los grandes frentes. El 81 % de los nacidos entre 1945 y 1965 eran propietarios a los 42 años; hoy, menos de la mitad de los nacidos después de 1985 lo son y apenas un 20 % de los menores de 35 tiene hipoteca. Esta dificultad para acceder a la propiedad se combina con la mayor tasa de paro juvenil de toda Europa: un 26,5 %, cuatro veces más que en Alemania y más de diez puntos por encima de la media comunitaria.
Agravando la situación
El sistema de pensiones, lejos de corregir desigualdades, las agrava. Según el Colegio de Actuarios, un jubilado recibe de media un 62 % más de lo que aportó a lo largo de su vida laboral. Este desequilibrio se traduce en un déficit real de la Seguridad Social que ronda el 3,8 % del PIB —unos 56.000 millones de euros— y en una deuda implícita equivalente al 507 % del PIB. Desde 2010, las cotizaciones no bastan para cubrir el gasto y la diferencia se cubre con impuestos cada vez más elevados: las cargas sobre el trabajo ya suponen el 39,5 % del coste laboral, frente al 31,8 % de la media de la OCDE. Si se suman otros tributos como el IVA o el IBI, la presión fiscal sobre un salario medio alcanza el 55 % de su coste.
Estos datos confirman que el actual modelo fiscal y de pensiones penaliza a los jóvenes, compromete la sostenibilidad de las cuentas públicas y exige una reforma urgente si España quiere garantizar un futuro más equilibrado para las próximas generaciones.



