LAS PENSIONES DE JUBILACIÓN Y LA ESPERANZA DE VIDA

La esperanza de vida aumenta más de 40 años en un siglo

Entre 1910 y 2009 los españoles viven, de media, el doble de tiempo

 

Desde hace ocho años venimos escribiendo en este rincón sobre el gravísimo asunto de la sostenibilidad de nuestro sistema de pensiones. Se trata, en esto cabe poca duda, de una de las mayores preocupaciones de los españoles y, al tiempo, de un componente clave que determina, por el creciente importe de su pago, el funcionamiento de nuestra economía toda.

 

Poco se ha hecho, sin embargo, para intentar buscar una salida sensata a la encrucijada crítica en la que nos encontramos. Los políticos, acunados en el cortoplacismo electoral, son incapaces de diseñar una respuesta consensuada a, quizá, el principal problema del país.

 

Lo cierto es que hasta hoy la gente en España ha podido vivir bien con las pensiones públicas. Baste con comparar el salario medio con la pensión media para darse cuenta de que, en muchos casos, el pensionista es un ciudadano privilegiado.

 

La combinación del descenso de natalidad y el aumento de la esperanza de vida está creando una presión progresiva sobre dicho sistema. Este desequilibrio pone en serio peligro su estabilidad financiera y puede llevar, como poco, a una reducción drástica de las pensiones y, como algo no descartable, a la oscura hipótesis de una quiebra generalizada.

 

Los principales parámetros que se manejan para afrontar esta situación versan sobre :

  • El alargamiento de la edad de jubilación pero es, en general, algo socialmente rechazado y posiblemente injusto en determinadas profesiones.
  • La concurrencia de estar jubilado y poder trabajar (jubilación activa y jubilación reversible).

 

En ambos casos se consigue un aumento de las cotizaciones (ingresos del sistema) y a la vez un ahorro en pensiones (gastos del sistema).

 

  • El fomento de sistemas de capitalización (planes de pensiones de empleo) compatibles con la pensión pública
  • La ruptura con un altísimo coste político, de la reciente vinculación de la revalorización anual de las pensiones a la tasa de inflación.

 

En definitiva se trata de la reducción de la tasa de sustitución (porcentaje de la pensión sobre el último salario) que  es significativamente más alta que en la mayoría de países de nuestro entorno (aquí estamos en un 70%, mientras que en Alemania, por ejemplo, esa tasa ronda el 50%), esto es estupendo para el presente, catastrófico para el mañana pues la esperanza de vida cuando el sistema se creó era de 7 años tras la jubilación y en estos momentos es de 23, lo que ilustra bien la ingente tarea que queda por afrontar.

 

Es previsible que esa tasa de sustitución tenga que disminuir en las próximas décadas, lo que obligará a los trabajadores a buscar otras formas de ahorro para garantizar su seguridad financiera a largo plazo.

 

 

 

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