La productividad ha caído por debajo de la media europea desde la llegada de Sánchez a Moncloa

La OCDE ya ha advertido al Gobierno que el aumento del salario mínimo o la reducción de la jornada laboral tienen que adecuarse a las condiciones del mercado

PSOE y Sumar han llegado esta semana a un pacto de gobierno que incluye la reducción de la semana laboral a 37,5 horas semanales y el aumento del salario mínimo interprofesional, coincidiendo con la publicación del informe económico que advierte de nuestra baja productividad. Las advertencias de la patronal poco parecen importarle a un Sánchez que, desde su llegada a Moncloa, ha convertido a nuestro país en el último mono de la productividad en la UE.
La OCDE ha sido muy clara: España necesita mejorar. La productividad laboral está cerca del promedio de esta institución, pero muy por debajo de los países vecinos. La mala asignación de los factores de producción, el gasto público insuficiente en educación, la baja inversión en I+D+i y un stock insuficiente de capital TIC son los principales motivos de nuestro bajo desempeño.
Por eso, esta organización internacional advierte que los cambios que se realicen en el SMI deben adecuarse a las condiciones del mercado laboral y la productividad. Sin embargo, Sánchez se ha plegado a una demanda histórica de Podemos y ahora recogida por Sumar como es el aumento del salario mínimo a los 1.500 euros. En la presentación del acuerdo entre PSOE y Sumar, Yolanda Díaz no quiso apuntalar la cifra exacta, tan solo lo insinuó aseverando lacónicamente que «con 1.545 euros –la mediana salarial– no se puede vivir con dignidad». A buen entendedor…
La crítica que hacen los empresarios es que tanto la subida del SMI como la reducción de la jornada laboral tendrá un efecto perverso en la productividad cuando no la destrozará, como denunció el presidente de la patronal de fabricantes y distribuidores. Y no le falta razón.
Desde que llegó Sánchez a Moncloa, la productividad española ha caído por primera vez por debajo de la media europea. Según los datos de Eurostat, se encuentra casi cuatro puntos y medio por debajo de la UE, por detrás de países como Italia, Francia, Países Bajos o Alemania. Tan solo Polonia, último en sumarse a los ‘grandes’ del mercado común, tiene peores datos.
Lo que es más grave es que desde 2018 España es el país de la UE en el que más ha caído la productividad, un -5,2 %, por delante de países como Francia (-4,9 % %), Malta (-4,7 %) o Alemania (-3,5 %). Polonia, en ese periodo, ha aumentado su tasa en más de siete puntos porcentuales.
Y si Sánchez siempre ha justificado los muchos ‘debe’ económicos por la pandemia, la realidad es que solo Francia –que, por cierto, mantiene un descenso histórico de la productividad para hacérselo mirar– y Malta han caído más que España.
A pesar de los avisos de la patronal, para los sindicatos una reducción de la jornada laboral conllevará un aumento de la productividad bajo la perversa lógica de que las empresas tendrán que adaptarse para producir lo mismo con menos horas invertidas. Reinventarse o morir.
Lo que obvian los sindicatos es que la reducción de la jornada y el aumento del SMI supondrán un incremento de los costes laborales, que tampoco han dejado de crecer en los últimos años. Tampoco ayuda el maquillaje de los datos del paro, como demuestra que el número de horas trabajadas ha caído a pesar del aumento en la afiliación. Pero con un Gobierno en funciones preparándose para otra cita electoral, las prioridades son otras.
Fuente: El Debate

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