En la antigua Roma, SPQR simbolizaba la unión entre los ancianos (senatus, etimológicamente «la asamblea de ancianos») y el pueblo (populus, la amplia asamblea del cuerpo social mayoritario), y es sólo una de las pruebas de que los mayores han ocupado siempre un papel central en nuestra sociedad.
ALGUNOS DATOS DE ESPAÑA
En España el gasto en pensiones es del orden del 42% del Presupuesto General del Estado Lo cual quiere decir que al Estado le queda menos de un 60% para gastarlo en colegios, carreteras, bibliotecas, investigación y desarrollo…
Si lo proyectamos a los próximos años, el gasto en pensiones será el 60% del Presupuesto. Es decir, al Estado le quedará cada vez menos dinero para invertir en tecnología o educación, porque se gastará más en pensiones. Y así hasta que las costuras financieras del Estado se rompan por alguna parte.
La gerontocracia ya ejerce su poder. En 2018, miles de ancianos protestaron en toda España para mejorar sus pensiones. Como resultado, en los presupuestos siguientes se ligó la subida de las pensiones al IPC, se subieron además un 3% las pensiones mínimas y también las de viudedad.
¿Y qué quieren los viejos? Después de las pensiones, la mayor preocupación de la gente mayor es la salud: lo cual significará que esa masa de votantes protestará para que se asignen cada vez más recursos a los hospitales, a los medicamentos subvencionados, a las terapias, a curaciones y a residencias de ancianos. No hay que ser un sabio para imaginar que el gasto será gigantesco: más ancianos significa, más achaques.
Algunos economistas han escrito que esto es una locura: Los jubilados y pensionistas tienen poca razón en sus reclamaciones. Durante los largos años de la crisis, las pensiones se han cobrado puntualmente mientras los trabajadores en activo veían sus sueldos reducidos o perdían su empleo. Es más, las pensiones se revalorizaban mientras los precios caían. Nadie denunció el trato privilegiado que recibíamos los pensionistas (yo soy uno de ellos), que fue posible a costa de esquilmar los fondos de la Seguridad Social
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Como no hay dinero hay que pedirlo prestado al Tesoro. La deuda pública española supera al Producto Interior Bruto: y tiene pinta de seguir creciendo con un gobierno que atiende a las quejas de ese grupo hegemónico del que, repito, formaremos parte todos tarde o temprano.
Ahora tenemos un grupo hegemónico de ancianos acaparando los recursos del país, y exigiendo a todos partidos que les aumenten las pensiones.
LA GERONTOCRACIA
Con la evolución de la pirámide poblacional, nuestros mayores van a ser el colectivo socioeconómica y democráticamente predominante. Es por ello por lo que, dada su capacidad de voto, en un futuro no muy lejano van a tener en su mano regir los designios del país.
Lo cierto es que, comúnmente, en una socioeconomía envejecida se asume como natural que los sistemas de pensiones de reparto sean inviables (en cada momento los cotizantes jóvenes mantienen las pensiones de los mayores), puesto que sin jóvenes no hay ingresos, y sin ingresos no hay pensiones. Pero algo que Normalmente se pasa por alto es que un entorno de decrecimiento poblacional también puede ser letal para un sistema de pensiones que no sea de reparto, como de hecho puede ser para los sistemas de cotización (cada trabajador se cotiza año a año su pensión futura, que el sistema irá ahorrando para entregarle en el momento de su jubilación).
Las premisas más básicas para encontrar la mejor solución a este problema, al menos desde un prisma capitalista, son que una socioeconomía debe producir para ser viable económicamente.Si la socioeconomía tiene que producir, entonces debe haber fuerza laboral que produzca, y que pague impuestos y/o cotizaciones. Lo primero que puede venirnos a la mente es que, como ya plantean nuestros políticos, se alargue la edad de jubilación. Si bien este escenario es planteable hasta cierto grado, especialmente en un entorno de alargamiento de la esperanza de vida con mejores facultades que hace unas décadas, lo cierto es que tiene un claro límite precisamente en que esas facultades no se mantienen de forma indefinida.
Paradójicamente, tal vez la gerontocracia pueda precipitar el advenimiento de la sociedad robótica en toda su plenitud: no sólo teniendo robots funcionando en fábricas como hasta ahora, sino integrando la robótica hasta la última hebra de nuestro tejido socioeconómico. Curiosamente, el ocaso de la vida humana en su aspecto más personal, puede alumbrar el origen de la vida robótica en su aspecto más socioeconómico. “¿Sueñan los androides con jubilados eléctricos?”. Si no lo hacen, deberían hacerlo, al igual que el resto de todos nosotros: puede que los más jóvenes sean el futuro de la sociedad, pero su futuro estará en breve en manos de nuestros mayores.
LAS PENSIONES
La reforma de las pensiones es muy sencilla, vamos a sacar más dinero de los trabajadores para dárselo a los pensionistas. Da igual como lo quieras llamar. Además, los trabajadores actuales se las verán peor para obtener su pensión en unos 20 o 30 años. Creo que la palabra para este sistema es “gerontocracia”.
Nuestro sistema de pensiones ha funcionado como el gran pagano del Estado durante los últimos cuarenta años. Desde las pensiones no contributivas a la deuda pública, siempre ha estado ahí para pagar cuentas que no le correspondían.
En España hay más de nueve millones de pensionistas y enfadar o contentar a este sector de voto puede significar perder o ganar el gobierno.
El Gobierno anuncia a dos voces, con Pedro Sánchez y Yolanda Díaz en armonía, un acuerdo con la UE para la reforma de las pensiones, pero a la reforma última no le importa que tengamos más o menos impuestos ni a qué se destinen, sino que no tengamos déficit excesivo como Bruselas impone a cambio de los fondos Next Generation.
Del acuerdo para la reforma de las pensiones se deduce que se pone la mirada en los ingresos y no sólo en la contención del gasto. Se aumentan las cotizaciones de todos los trabajadores al Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI) que se incrementará una décima anual hasta el 1,2% (pagando un 1% la empresa y un 0,2% el trabajador) hasta 2029, y el transitorio seguirá hasta el 2050. Esto aplicará a todos los trabajadores.
La siguiente reforma es un “destope” progresivo a las bases máximas de cotización que será progresivo en lo que aumente el 1,5% + IPC, aumenta también la pensión máxima pero no al mismo ritmo. Los trabajadores que ya coticen por la base máxima pagarán un impuesto adicional de “solidaridad” que empezará en el 1% y se irá incrementando en un 0,25 anual hasta llegar al 6% en 2045.
En España hay unos 20 millones de trabajadores, de los cuales, un 7,5% aproximadamente (1,5 millones de trabajadores) igualan o superan las bases máximas de cotización. Sobre estos trabajadores son sobre los que recae la subida de impuestos.
Adicionalmente se aprueba un mecanismo automático para aumentar las subidas de las cotizaciones sociales si la AIREF determina que existe un desequilibro financiero en la seguridad social. Es decir, se subirán las cotizaciones sin que sea necesario que se apruebe en Cortes salvo que haya un acuerdo parlamentario al contrario.
LA VIEJA EUROPA
Lo cierto es las sociedades europeas de la “vieja Europa (fundamentalmente Francia, Alemania, Italia y España)i se enfrentan a una fractura generacional a la que los políticos no se atreven a poner solución, puesto que siguen queriendo mantener altos niveles de deuda, grandes cantidades de gasto y unos sistemas de pensiones quebrados, incluso sabiendo del coste económico que supone a corto y largo plazo.
La realidad es que nuestro sistema de pensiones genera anualmente déficits que suponen un problema a largo plazo y los jóvenes ya no creen en un sistema que sí logró garantizar el bienestar a las generaciones anteriores.
Si en nuestro país sumáramos todo el presupuesto de Casa Real, sindicatos, Iglesia, Igualdad, Defensa, ingreso mínimo vital, pensiones no contributivas, políticos y asesores, ello solo equivaldría al 15% de los 202.900 millones de euros destinados en 2024 al pago de las pensiones y su déficit». Estas cifras demuestran que tenemos un problema grave a largo y corto plazo: se carga sobre la masa laboral, muy empobrecida, el mantenimiento del statu quo o «confort» de la generación que disfrutó de más potencial de crecimiento económico.
De hecho, François Bayrou, primer ministro de Francia hasta hace escasos días, era el único que se atrevía en Europa a decir que, como consecuencia de todo lo anterior, queda mucho menos dinero para las prioridades de la juventud actual. Sin embargo según CCOO, UGT y la ministra de Seguridad Social, Elma Saiz, quienes exponen esta realidad lo hacen con el fin de generar una «peligrosa fractura generacional». No obstante esta fractura entre las distintas generaciones ya existía previamente: «las viejas democracias europeas ya solo legislan primando los intereses de los ‘baby-boomers’ frente a las generaciones que suben, al coste que sea, porque se juegan muchísimos votos en ello.
El déficit contributivo de las pensiones contributivas se cifró a 2023 en 56.000 millones de euros. FUENTE: Fedea, publicado por EL PAÍS. https://t.co/Eevrb4qJqq
El déficit… https://t.co/20Jcu3Bu9F pic.twitter.com/22UVgmK7fk





