Avisa de que la economía se encuentra cerca de su tasa de paro estructural, ese nivel del que no se puede bajar pese al crecimiento económico
Algunas comunidades autónomas se acercan a lo que se considera pleno empleo, aunque ninguna ha alcanzado todavía una tasa de paro por debajo del 4%.
La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) no espera que la tasa de paro en España vaya a bajar del doble dígito esta legislatura. Pronostica que pasará este año del 11,3% al 10,7%, bajará al 10,3% en 2026 y al 10% en 2027, pero no será hasta 2028 cuando veamos una tasa del 9,7% en España, según recoge en su Informe de Ejecución Presupuestaria de 2025.
Aleja, de esta manera, el objetivo que se había marcado el Gobierno para esta legislatura, que era conseguir alcanzar el «pleno empleo», un reto ambiguo por definición pero que el Ejecutivo llegó a situar en una horquilla de entre el 6% y el 8% para homologarlo al europeo.
Hay que tener en cuenta que un país alcanza el pleno empleo cuando todas las personas que quieren trabajar por un nivel salarial determinado pueden hacerlo, lo cual no implica que la tasa de paro sea del 0% ya que siempre existe: uno, cierto desempleo asociado a la rotación (personas que están sin trabajar por estar cambiando de puesto de trabajo, el llamado paro friccional); y, dos, un desempleo involuntario, enquistado y que se mantiene a largo plazo, que es imposible reducir incluso si el país crece a pleno rendimiento. Este último es el conocido como paro estructural -que no genera inflación- y que no es observable (hay que estimarlo).
Por tanto, un país está en pleno empleo cuando no hay más desempleo que el estructural y el friccional, pero para conocer cuál es el estructural es preciso calcularlo. Es útil analizar cómo ha evolucionado el desempleo históricamente en el país. En España, el nivel de desempleo más bajo que se ha conseguido en la historia fue del 7,9% en el segundo trimestre de 2007, mientras que de media en las últimas dos décadas ha rondado el 16%.
El último dato, del segundo trimestre, sitúa el paro en el país en el 10,3%, de ahí que la AIReF advierta que nos estamos acercando a su nivel estructural, del que, recordemos, es muy difícil bajar.
«El desempleo continúa reduciéndose lentamente con la tasa de paro manteniéndose en el entorno del 11%. La creación de empleo se ha trasladado a una progresiva reducción de la tasa de desempleo que, a pesar del repunte en el primer trimestre de 2025 en términos brutos, descendió hasta el 10,8% en términos desestacionalizados. Sin embargo, desde 2023 la reducción progresiva de la tasa de paro ha estado acompañada de un aumento de la tasa de vacantes, como muestra la curva de Beveridge. Este comportamiento asintótico de la relación entre tasa de paro y tasa de vacantes reflejaría un menor grado de holgura del mercado y podría indicar que la economía se encuentra cerca de la tasa de paro estructural», avisa la institución que preside Cristina Herrero.
La única forma de conseguir, por tanto, un pleno empleo «homologable» a la media de la Unión Europea, que se situaría entre el 6% y el 8%, como pretendía el Gobierno, sería seguir reduciendo ese paro estructural. Para lograrlo, Moncloa tenía una estrategia que pivotaba en torno a tres palancas: impulsar la Formación Profesional; reformar las políticas pasivas de empleo -como ya hizo el año pasado al modificar la regulación del subsidio y la prestación por desempleo- y reformar el Servicio Público Estatal de Empleo (Sepe) para que sea más eficaz a la hora de casar la oferta y la demanda de empleo en el país.
En la primera y última pata apenas ha habido avances, pero el Gobierno sí que aprobó ya una reforma de las políticas pasivas de empleo con el objetivo principal de reducir los desincentivos que tenían estas prestaciones en su diseño original para volver al empleo. Por ahora, ningún experto de los consultados por este medio se atreve a valorar si la reforma ha sido efectiva en este sentido, pero precisamente la AIReF ya ha advertido del efecto desincentivador que tienen algunas políticas públicas como el Ingreso Mínimo Vital, que reduce la probabilidad de trabajar en un 12%.


