EUROPA NO PODRÁ ARREGLAR TODOS LOS DESTROZOS DE SÁNCHEZ

Europa no pone ni quita gobiernos salvo cataclismo económico, y ni eso. El sanchismo puede estar tranquilo sentencie lo que sentencie Europa con la amnistía

 

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) es la institución judicial de la Unión Europea, con sede en Luxemburgo. Su función principal es garantizar que el derecho de la Unión Europea se interprete y aplique de manera uniforme en todos los estados miembros. Además, resuelve litigios entre los gobiernos nacionales y las instituciones europeas, y en algunos casos, entre particulares, empresas u organizaciones y las instituciones de la UE. 

El TJUE está compuesto por dos órganos principales: 

El Tribunal de Justicia: Se encarga de los recursos presentados por los Estados miembros contra las instituciones europeas, las cuestiones prejudiciales planteadas por los tribunales nacionales y los recursos contra el Tribunal General.

El Tribunal General: Conoce de los recursos directos interpuestos por personas físicas o jurídicas, así como de los recursos interpuestos por los Estados miembros contra las instituciones de la UE. 

El TJUE, por tanto, desempeña un papel crucial en la construcción y el funcionamiento de la Unión Europea, asegurando la aplicación uniforme del derecho de la UE y la resolución de conflictos en el ámbito europeo. 

 

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) es un tribunal internacional con sede en Estrasburgo, Francia, que se encarga de garantizar el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales en Europa. Funciona como un organismo de control del Convenio Europeo de Derechos Humanos (CEDH) y puede juzgar a los Estados miembros del Consejo de Europa por posibles violaciones de este convenio. 

El TEDH se creó para asegurar que los Estados miembros del Consejo de Europa cumplan con sus obligaciones bajo el CEDH, que protege los derechos civiles y políticos de las personas. Su función principal es examinar las demandas presentadas por Estados o individuos que alegan que un Estado ha violado sus derechos humanos. La jurisdicción del TEDH se extiende a los 46 Estados miembros del Consejo de Europa, con la excepción de Bielorrusia, Kazajistán y Ciudad del Vaticano, que no son parte del convenio. 

El Tribunal está compuesto por un juez por cada Estado miembro del Consejo de Europa, quienes deben ser personas con alta consideración moral y cualificaciones legales. Los individuos pueden presentar demandas ante el TEDH después de haber agotado los recursos internos en su país. 

El TEDH es un pilar fundamental en la protección de los derechos humanos en Europa, y sus sentencias son vinculantes para los Estados miembros. 

 

 

Pedro Sánchez nos ha abocado a vivir en un sobresalto permanente. Jamás hubo en democracia un Gobierno tan pertinaz en la intervención de las instituciones, las empresas públicas y hasta las privadas con un único objetivo, la perpetuación de un ecosistema de poder sin reglas.

 

En España empieza a sucumbir esa idea perenne de que el sistema, el Estado, es siempre más fuerte que cualquier Gobierno que pretenda abusar de él. Creímos que los mecanismos de control, el contrapeso de poderes para que ninguno se imponga sobre otro, siempre triunfaban. Aún hoy hay una falsa percepción de que al final todo se reordenará, de que todo volverá a tomar forma y de que los límites sobrepasados se reconducirán. Bien porque los jueces independientes hacen su trabajo, bien porque habrá elecciones en algún momento, bien porque algún socio oportunista se cansará y provocará el final precipitado de la legislatura. O bien porque alguien en el PSOE quiera que el PSOE vuelva a ser el PSOE.

 

En este contexto, emerge, que lo que un Estado miembro destroce en términos de libertades o democracia, esa Europa balsámica, fría, burocrática, influyente y lobista lo arreglará. Nos dicen que Europa ha tomado la matrícula a Sánchez o que los grandes del IBEX ya susurran hartazgo del sanchismo. ¿Y qué?

 

Esta semana tuvo lugar en Luxemburgo, en la sede del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), la primera vista de las cuestiones prejudiciales planteadas contra la aplicación de la amnistía. Optimismo entre los retractores de la amnistía… y optimismo entre sus defensores. Lo que ocurre es que Europa no desautoriza a los Estados así como así por aquello de las decisiones soberanas de los Estados miembros en su devenir político y tal. Aquí importa lo que sostenga en septiembre el Abogado General de la UE, un tipo siempre ambivalente y especialista en convertir lo vidrioso en más vidrioso todavía. Quien espere un “sí” o un “no” drástico del TJUE, debe pensar en ir comprando una mecedora para no cansarse de esperar. Toda resolución del TJUE tendrá un sí pero no, un no pero sí…

 

Sí genera una buena expectativa para los denunciantes de una amnistía tan sórdida el hecho de que uno de los magistrados preguntase a la Abogada del Estado española si había en España alguna norma que impidiese al Tribunal Supremo plantear otra cuestión prejudicial contra la amnistía aunque ya se haya pronunciado nuestro Tribunal Constitucional. Y la respuesta solo pudo ser que no, que el Supremo podrá plantearla. Por tanto, le queda recorrido a la amnistía… De años probablemente porque el Supremo no va a cejar en su empeño de que Carles Puigdemont incurrió en malversación de dinero público para financiar el procés, y no va a amnistiarle a no ser que el TJUE lo avale expresamente.

 

Sin embargo, en la Europa de los extraños equilibrios, los matices siempre son relevantes. No será fácil que Luxemburgo tumbe la amnistía, o toda la amnistía, porque hay más intereses condicionantes que los meramente jurídicos. Por ejemplo, la desestabilización política definitiva en un país miembro que además es víctima de un galimatías insoportable en la aritmética parlamentaria. Por eso, quienes pongan todas sus expectativas en el TJUE se equivocan: no es cuestión de prudencia, sino de ser menos ingenuos, porque Europa se ha especializado en no resolver nunca nada.

 

Al famoso TJUE llega también la “ira de los rebeldes”, esos magistrados de Sevilla que le han dicho a Cándido Conde-Pumpido del Tribunal Constitucional que no. Que no van a aplicar de momento ese fallo que supuso un “indultazo” sobrevenido a los condenados por los falsos ERE de Andalucía y que el desfalco de 700 millones de euros no debería así impune. ¿Se sobrepasó el TC, o no, con tal de satisfacer los intereses del PSOE e inventar una doctrina sobre la malversación para blanquear un modo de delincuencia política? El TJUE decidirá… pero la consecuencia de sentenciar que nuestro TC es arbitrario, sectario y proclive a la impunidad provocaría un terremoto, una desestabilización inédita de nuestro máximo órgano de garantías. Y eso también cuenta.

 

Pero es que queda pendiente algo que prácticamente ha caído en el olvido. En 2020 se celebró un juicio contra trece acusados por el ‘procés’ separatista de Cataluña. Todos fueron indultados. Pero recurrieron ante otro tribunal europeo, el de Derechos Humanos (TEDH), uno más de esos entes opacos entre las brumas de Estrasburgo. Y tiene pendiente anular o avalar la sentencia del Supremo con condenas varias por sedición y malversación. Empiezan a deslizarse soniquetes preocupantes. ¿Trece años de cárcel por una sedición que el propio Gobierno derogó por excesiva para convertirla en simples desórdenes públicos? ¿Avalar la consistencia de una pena en la que no cree ni el Parlamento español? En la proporción -o desproporción- de la pena va a estar la clave. Y se barruntan en el Supremo que pinta mal. Muy mal para la justicia española y para quienes se limitaron a aplicar un Código Penal que el sanchismo desguazó para satisfacer a los delincuentes.

 

Reduzcamos todo a lo simple. Europa no pone ni quita gobiernos salvo cataclismo económico, y ni eso. De ahí que convenga rebajar esa absurda creencia en que Europa, tan digna y legalista, siempre más pulcra con los “derechos individuales” que con la legalidad de los Estados, vaya a dar la puntilla al sanchismo. Y aunque la diese, ya encontrarían Sánchez y sus socios argumentos para reinterpretar, manipular y seguir adelante. En ello ya están.

 

Fuente: Esa absurda creencia de que Europa lo arreglará todo | Vozpópuli

 

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