Esta industria genera un 9,9% del empleo total y el 11,8% del valor añadido bruto, mientras que la media europea se sitúa en 13,7% de puestos de trabajo y el 15,6% del valor añadido
España ha perdido 723.500 empleos industriales desde el año 2000. En dos décadas, la industria manufacturera ha pasado de generar el 17,3% del empleo total a apenas el 9,9% en 2024. Su peso en la economía también ha caído con fuerza. Del 17,9% del valor añadido bruto (VAB) a solo el 11,8%. Esto implica una pérdida del 25% del empleo y 6,1 puntos porcentuales de aportación a la renta del país. Así lo recoge la monografía La adaptación de la industria manufacturera española al escenario energético y la transición digital, publicada por la Fundación BBVA y el Ivie.
Este retroceso no solo aleja a la industria de sus resultados pasados, sino también agranda la brecha con la Unión Europea, en donde representa el 13,7% del empleo y el 15,6% del VAB. Esto quiere decir que España está 3,9 puntos por debajo de la media y se aleja del objetivo europeo de que la industria represente al menos el 20% del PIB nacional. «Y no solo estamos lejos, sino que de forma creciente nos estamos distanciando», apunta Juan Fernández de Guevara, investigador del Ivie.
La tendencia va en dirección opuesta a esta estrategia de reindustrialización europea. Y es que la realidad muestra un proceso de desindustrialización durante las últimas décadas. Según el informe, principalmente por la «creciente globalización y deslocalización de parte de la producción en terceros países».
Pese a esta caída de peso, la industria manufacturera sigue siendo un pilar del sector exterior. Representa el 84% de las exportaciones de bienes y sus exportaciones generan el 20,3% del PIB. Pero su bajo grado de industrialización hace que ese peso exportador sea mucho menor que la media de la UE (31,1%). El sector está compuesto por más de 150.000 empresas, un 4,8% del total del tejido productivo, y emplea a más de 2,17 millones de personas. Sin embargo, su capacidad de arrastre se debilita frente a un contexto europeo cada vez más exigente en digitalización, sostenibilidad y productividad.
Estos datos reflejan esta realidad de desindustrialización, donde no solo se reduce el volumen, sino también la capacidad de competir. La productividad del trabajo en las manufacturas españolas es mayor que en los servicios. Sin embargo, «cuando se utiliza un indicador de productividad más completo, como es la productividad total de los factores (PTF), que no solo tiene en cuenta el trabajo, sino también el capital, esa ventaja se desvanece», explica Fenández de Guevara. En estos términos, la industria manufacturera española es un 6% menos eficiente que los servicios, y su productividad es un 5,4% inferior a la media europea. La diferencia con Alemania llega al 29%, y con Francia al 16%.
Además, las diferencias dentro del propio sector también agrandan una brecha interna. El subsector de fabricación de material de transportes es 3,6 veces más productivo que el de alimentación, bebidas y tabaco, uno de los más grandes por volumen. El investigador del Ivie reconoce que la industria es «muy diversa». De hecho, cuatro ramas –agroalimentaria (19,4%), metalurgia (12,7%), química-farmacéutica (12,1%) y transporte (11,8%)- concentran casi el 60% de la producción industrial en España. La industria textil y del plástico también tienen más peso que en Europa. Sin embargo, la fabricación de maquinaria y equipos es la mitad que en la UE, y la de productos informáticos y electrónicos, seis veces menor.
La eficiencia productiva tampoco se traduce como liderazgo empresarial. Las compañías más eficientes no son las que ganan más cuota de mercado. El estudio apunta a obstáculos como el poder de mercado de grandes firmas, la baja entrada de nuevas empresas y la escasa salida de las menos productivas. Además, las empresas líderes dentro de cada subsector manufacturero tienen niveles de eficiencia más bajos que las líderes del conjunto de la economía o del sector servicios, y la PTF crece a un ritmo más lento.
En este contexto, uno de los principales retos es la transformación digital. La eficiencia productiva en las manufacturas altamente digitalizadas es más del doble que los sectores menos intensivos tecnológicamente. El sector TIC aumentó su eficiencia un 40% entre 2000 y 2021, frente a un 24% en las manufacturas más digitalizadas, mientras que la PTF apenas mejoró en las menos digitalizadas. Sin embargo, solo el 62% de las empresas manufactureras españolas tiene un nivel digital básico o superior, frente al 68,3% en la UE, y muy lejos del objetivo europeo del 90%.
En cuanto a inversión en I+D (investigación y desarrollo), la industria manufacturera dedica el 3,8% de su VAB, más del doble que el conjunto de la economía (1,6%), pero muy por debajo del promedio europeo (8,7%). Además, España también está a la cola en activos intangibles. solo invierte el 10,6% del VAB, frente al 20% de la UE. Las diferencias más pronunciadas se dan, de nuevo, en los sectores más avanzados tecnológicamente. Esta debilidad explica en parte la menor productividad de la industria española frente a la europea.
A pesar de eso, el sector manufacturero concentra el 44,1% de la inversión total en I+D del país. El 30% de las empresas innovadoras en España son manufactureras y ejecutan el 40,1% del gasto en I+D+i, con un esfuerzo innovador del 5,4% del VAB, muy superior al 1,3% del sector servicios. En este sentido, el informe destaca que «un sector apoyado en empresas innovadoras es más resiliente en un mundo cada vez más competitivo». Sin embargo, en el conjunto de la economía, España se sitúa un 11% por debajo de la media europea en el índice de innovación (EIS).
La transición energética es el otro gran desafío. La industria es el segundo mayor consumidor de energía en España, tras el transporte. En 2020, gastaba ocho céntimos por cada euro de valor añadido generado, mientras que Alemania gastaba cinco, Francia seis e Italia solo dos. Pese a esos costes, España está por encima del indicador de la UE en eficiencia energética. Esto significa que requiere menor cantidad de energía para atender sus necesidades de demanda.
Así, para mejorar la competitividad de la industria manufacturera juegan un papel importante la tranformación digital y energética. «En estos momentos para las manufacturas es esencial lograr una transición digital y verde. En ese último aspecto, en la transición verde es fundamental todas las consideraciones energéticas», destaca Fernández de Guevara. Estos aspectos impulsan la innovación y la adopción de soluciones limpias y, al mismo tiempo, es una oportunidad de «crecimiento y liderazgo industrial a largo plazo».


