Sánchez no es un “paracaidista”, es un producto del partido socialista crecido en su interior y sabe cómo funciona el partido
Tras el 28 M se está contando el cuento de que el problema del PSOE es Sánchez, solo Sánchez y nada más que Sánchez y que una vez esté fuera el actual secretario general, todo se arreglará porque el PSOE es inocente y benéfico. Pero no, la culpa de la situación del partido es de los barones del PSOE y de sus bases (¿de quién si no?). Los barones territoriales son incapaces de levantar la voz de verdad y sólo lo harán cuando Sánchez se haya ido por perder todo el poder.
Sánchez desarticuló la democracia interna y nada se mueve en el partido sin la aquiescencia de su secretario general porque ya no hay disidencias ni corrientes, sólo palmeros.
Los barones territoriales:
- aceptaron los votos de Bildu aunque Sánchez prometió que no lo haría, pues eran «progresistas.
- sonrieron cuando Sánchez se desdijo y pactó con Pablo Iglesias, aunque esa decisión no la inventó Sánchez con su «no es no», sino Zapatero en 2003 con su Pacto del Tinell.
- han estado en silencio viendo a los ministros de Podemos proponer leyes nefastas, y aguantaron los insultos de Pablo Iglesias porque era el socio del jefe
- aceptaron el indulto de Sánchez a los golpistas de 2017 para pactar con ERC la gobernabilidad del Estado.
Quejarse ahora es fácil, pero se lo han ganado a pulso desde hace mucho tiempo tanto los barones como la militancia. En buena medida, han sido sus intelectuales, propagandistas y periodistas los que han alimentado esa forma de ver la política tan alejada de la democracia.
La percepción que la mayoría de los españoles tiene hoy de Sánchez se parece mucho a la que tenían de Rodríguez Zapatero cuando en 2011 decidió no concurrir a las elecciones generales y pasar los trastos a Alfredo Pérez Rubalcaba. Está claro que Rodríguez Zapatero va a ser un elemento fundamental en la campaña electoral, más que nada porque los barones y cargos socialistas que se han quedado sin empleo después del 28-M son más bien poco partidarios de ir a suplicar el voto para quien les ha dejado en el paro.
Por primera vez en democracia, las elecciones del 23J no van a girar en torno a cuestiones económicas y sociales, van de jugarnos la Constitución, es decir, la convivencia pacífica entre los españoles porque durante estos últimos años Sánchez y sus pandilleros del PSOE han querido sustituir a la reconciliación nacional y tomarse la revancha y hay quienes que aspiran, por las buenas o por las malas, a destruir la unidad del Estado, para lo que exigen referendos de autodeterminación en los territorios que lo soliciten.
Hoy por hoy, los separatistas son parte esencial de la mayoría parlamentario-gubernamental y el PSOE (bajo el paraguas de Pedro Sánchez) con la pretendida finalidad de pacificar el conflicto catalán, abrió una mesa de negociación entre el Gobierno de España y la Generalidad y se indultó a los golpistas para luego eliminar el delito de sedición y rebajar el de malversación.
Imaginemos que Sánchez vuelve a formar otro Gobierno Frankenstein y de acuerdo con los separatistas catalanes y vascos se aprueba una ley autorizando referendos de independencia. Si esa ley fuera recurrida ante el Tribunal Constitucional, ¿alguien puede pensar que dicho Tribunal en manos de Conde Pumpido y sus mariachis iba a cambiar una sola coma de esa ley destructora de la unidad de España?
Son estas y otras cuantas razones por las cuales el próximo 23 de julio nos jugamos mucho más que las políticas económicas o las políticas sociales.
No sabemos qué quedará del PSOE tras Sánchez, porque Sánchez es producto del PSOE. La duda es si este PSOE, con esos dirigentes y la deriva radical de su militancia, será capaz de alumbrar algo diferente que sea útil a la democracia española, no solamente útil a una persona o a su propio partido.



