El aumento de cuantía de las nuevas pensiones y el tiempo durante el que se cobran -unos 20 años de media- hace imposible que las cuotas de afiliados puedan pagar 9,8 millones de prestaciones contributivas.
Las cotizaciones de los trabajadores a la Seguridad Social ya no son suficientes para pagar unas pensiones cada vez más elevadas y cuyo no número no para de aumentar, a la espera del desembarco en el sistema de los ‘baby boom’, que supondrá un gran impacto económico a corto plazo. El efecto de la pandemia y de las restricciones ha sido la puntilla para un mercado laboral que nunca acaba de remontar y que en el mes de marzo contaba con 19.029.433 cotizantes a la Seguridad Social, que dentro del compromiso generacional que sostiene el sistema, deben aportar lo suficiente para pagar 9.815.728 pensiones contributivas.
La Seguridad Social acabó el año pasado con unos ingresos por cotizaciones de 119.955 millones que debieron afrontar un gasto en pensiones contributivas -jubilación, incapacidad, viudedad, orfandad y a favor de familiares- de 131.933 millones de euros. Eso supone que las cuotas de los afiliados solo pueden afrontar el 92% de la nómina de las pensiones. El déficit de la Seguridad Social es de casi 15.000 millones de euros, o lo que es lo mismo, el 1,36% del Producto Interior Bruto(PIB)
Según los datos que recoge el resumen de ejecución del Presupuesto de la Seguridad Social con fecha de diciembre de 2020, la cotización por trabajador fue de 6.305 euros anuales, pero la media de pensión recibida se situó en 13.444 euros al año.
La fórmula ‘mágica’ que garantizaría el equilibrio del presupuesto de la Seguridad Social -dos afiliados por pensionista- ya no funciona desde hace tiempo. Las prestaciones se cobran durante más tiempo, unos 20 años, por el aumento de la esperanza de vida, y las nuevas pensiones tienen un importe medio de 1.134 euros en 14 pagas, mientras que el de los que salen del sistema es de 943 euros.
La tasa afiliados/pensionistas no ha parado de reducirse desde hace 14 años, donde 2,71 trabajadores mantenía la prestación de un pensionista. La tasa actual se sitúa en 1,94, un porcentaje que se reduce drásticamente en la mayoría de las provincias y en 2022 por cada diez personas en edad de trabajar en España habrá casi seis inactivas, bien por ser menores de 16 años o por ser mayores de 65 años. A mediados de siglo, la tasa de dependencia será prácticamente del 100%, lo cual implica que cada persona en edad de trabajar sostendrá a una persona inactiva.
La clave para dar la vuelta a una situación nada esperanzadora será tirar al máximo de los jóvenes para que entren en el mercado laboral (España actualmente es el líder destacado en desempleo juvenil), además de dejar la puerta abierta a la inmigración “cualificada” que aporte cotizaciones al menos “medias” al sistema y medidas para fomentar la natalidad, en cuyo descenso España es también líder europeo.
Las claves de la reforma de pensiones en ciernes son los incentivos para el retiro tardío, penalizaciones para la jubilación anticipada y unos baremos diferentes para tener en cuenta la esperanza de vida (factor intergeneracional) y las cotizaciones realizadas (pensión en función de toda la vida laboral). Todas están en la mesa y resultan clave, pero no afrontan directamente el gran problema que se cierne sobre el sistema de forma inminente.



