ARDE, TODO ARDE, SOBRE TODO LA ESPAÑA VACIADA

Arde A Costa da Morte, arden Las Médulas, arde Tarifa y también la Mezquita ardió..

 

Arde agosto, y las vías del tren se funden y en mitad del campo se asan los trenes que no hace mucho volaban como aves.

 

El país se nos escapa de las manos. porque todo es humo. Pero gobernar, no gobierna ni dios. La luz se apaga, los trenes se paran, las carreteras de la España que funcionaba se resquebrajan, los sueldos no alcanzan, la meritocracia naufraga en un trasiego de biografías amañadas que alcanzan de lleno a los que se dicen servidores públicos.

 

La intencionalidad es la principal causa de los incendios, y además la eliminación de matorral y residuos agrícolas, el descuido, la imprudencia, la represalia al reducirse las inversiones públicas en los montes, la obtención de salarios en la extinción o en la restauración y la piromanía

 

Contrariamente a lo que cabría esperar por las características climáticas, el territorio de España tradicionalmente más afectado por los incendios -tanto por número de acontecimientos como por superficie quemada- no es el arco mediterráneo, sino el noroeste peninsular, con Galicia a la cabeza y  las provincias de León y Zamora como especialmente problemáticas.

 

La España rural ya se vació hace tiempo a través del éxodo rural, un fenómeno que comenzó tras la revolución industrial, pero que se dio con mayor fuerza especialmente en la segunda mitad del siglo XX. El éxodo rural implicaba el abandono de los pueblos en busca de oportunidades en las ciudades. Ese abandono solía suponer también el cambio de trabajo, desde actividades muy centradas en el sector primario (agricultura y ganadería), hacia actividades del sector secundario (industria) o terciario (servicios).

 

Los pueblos, y los campos, se fueron vaciando progresivamente, con una emigración hacia las ciudades de la provincia o hacia otras ciudades. Esto ocurrió con especial intensidad en las zonas más rurales, que no fueron capaces de retener población.

 

Las dos velocidades de la España urbana pujante, con ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Málaga o Bilbao frente a una España rural y provincial, despojada de población y recursos, en una permanente enfermedad y olvido. Lo que hay en medio de esa tensión es campo, un «campo» que se pasa a toda velocidad en un AVE que no tiene tiempo a detenersey que hoy está en llamas.

 

La España vaciada, más bien abandonada, es una pieza fundamental de la biosfera que contribuye decisivamente a la salud del medioambiente, pero no da votos. La España abandonada tiene otro problema: libera oxígeno a un lado y otro del muro sin miramientos, lo mismo a la tropa progresista que a la fachosfera, y eso no es bueno para el convento.

 

Cuando, en desgracias como esta de Las Médulas se evidencian algunas carencias, conviene recordar que somos el segundo país de la UE en asignación de fondos Next Generation, pero estamos en el furgón de cola en su ejecución; un 19,5% frente al 88,4% de Dinamarca o al 87,1 de Francia. Digamos que se podría poner un puñado de euros, de esos que no sabemos qué hacer con ellos, para que a la Next Generation le llegue algo más que una península calcinada, ya que a sus miembros, la generación joven actual, les estamos fundiendo los recursos de la Seguridad Social y los estamos condenando a una vejez despensionada, a cambio de que el partido o la coalición gobernante pesque en el gran caladero de votos del presente, que es jubilandia.

 

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