¿PERO QUÉ FESTEJA EL PSOE?

La propaganda sanchista lo justifica todo, pero no sé qué celebra el PSOE esta semana ni a qué viene el autobombo. Recordemos que los socialistas que ganaron hace hoy 40 años las elecciones con 202 diputados muchos de ellos (Alfonso Guerra, Joaquín Leguina o Rodríguez Ibarra) hoy defenestrados por el actual PSOE que abomina de ellos y destruye su legado histórico. Para Pedro Sánchez el felipismo es un paréntesis, una anomalía dentro del propio PSOE, así que hay que proteger a Alfonso Guerra para que no le piten los forofos del partido, porque los demás ciudadanos españoles ya tienen a quien abuchear cada vez que tienen ocasión y se “pone a tiro”: al Sumo Líder Sánchez.

En su publicidad “40 años de democracia, 40 años de progreso”, conmemora las cuatro décadas de la llegada del PSOE al poder, pues asocia el advenimiento de la democracia a España con esa primera victoria electoral del PSOE en una elecciones generales. Si con la aprobación de la Constitución España no accedió a la categoría de país libre, ¿cómo es posible que se celebraran las elecciones del 28 de octubre de 1982 que dio paso nada menos que a un Gobierno de izquierdas con un 48 % de los votos? O éramos una democracia o no lo éramos.

Ahora Gonzáles, huérfano de Alfonso Guerra, su sombra en esa época, calla y comparte foto con dos felones a sus propias siglas y autores de las trincheras políticas y sociales más nefastas de toda nuestra historia: Sánchez y Zapatero. El segundo, además, es el muñidor de muchas de las indecencias actuales.

La Transición no solo fue una operación política, sino también una experiencia histórica de reconciliación entre españoles. La Constitución de 1978 es su fruto. Antes se promulgó la Ley de Amnistía de 1977. Desde hace décadas, sin embargo, el PSOE, primero con Zapatero y ahora con Sánchez, promueve leyes de Memoria que pretenden dictar una única verdad oficial, la suya, la del Partido Socialista, desde la que juzgar retrospectivamente los acontecimientos más dramáticos del siglo XX español.

Resulta llamativa la visión tan optimista que tiene el PSOE sobre su propia trayectoria, dado que el Partido Socialista, entre otras acciones, colaboró activamente con la dictadura de Miguel Primero de Rivera e impulsó en 1934 un golpe de Estado contra la Segunda República (la llamada “revolución de Asturias”). Entre sus principales figuras destacan políticos tan controvertidos como Francisco Largo Caballero, que a sí mismo se hacía llamar el ‘Lenin Español’.

Se sintetiza los principales ejes de la acción política del PSOE, un partido ha sido el espacio preferente de la izquierda democrática para participar en la vida del país.

La economía

Por su orientación ideológica de corte Estatista, el Partido Socialista tiende en sus Ejecutivos a las subidas de impuestos, los déficits elevados, el incremento de la deuda pública –en ocasiones, hasta límites insostenibles– y el dispendio de los recursos públicos. Trascurrido el tiempo, los resultados de estas políticas suelen ser crisis económicas, cierres de empresas y elevadas tasas de desempleo.

La economía fue el talón de Aquiles de Felipe González, que en 1994 salió de La Moncloa dejando 3,5 millones de personas en las oficinas de desempleo –por encima del 20% de la población activa–, un 5,5 % de déficit público, una deuda de 360.000 millones de euros y la Seguridad Social en quiebra. La presión fiscal estaba en porcentajes del 36 %; los mayores del actual periodo democrático. El malestar social era muy intenso, tal y como pusieron de manifiesto tres huelgas generales.

El salgo que arroja la gestión de José Luis Rodríguez Zapatero no es mejor. El político leonés abandonó en 2011 anticipadamente el Gobierno de España con la economía al borde del rescate por la Unión Europea; había cinco millones de personas en paro –el 22 % de la población– y el déficit público rondaba los 80.000 millones de euros. Fuertes protestas sociales acompañaron la salida de Zapatero de la Moncloa.

En cuanto a Pedro Sánchez, el actual presidente tiende a responsabilizar de la actual situación económica de España a dos causas ajenas a su control: la pandemia y la guerra de Ucrania. De momento, el crecimiento del PIB español es prácticamente nulo, los Fondos Europeos entran a ritmo muy lento y la inflación está en torno al 8%.  Sobre su presidencia no puede realizarse una valoración definitiva, dado que aún no ha llegado a su fin, pero hoy en día la política económica de Sánchez transmite sensaciones de improvisación.

El Estado

La influencia de Hegel a través de Marx continúa viva en toda la socialdemocracia europea, también en el PSOE. Para el pensador berlinés, el Estado es la mejor encarnación de su «idea absoluta». La humanidad logra la educación y progresa en libertad a través del Estado.

No son simples disquisiciones teóricas. El intervencionismo Estatal, llevado en ocasiones hasta el quebranto del resto de órdenes sociales, constituye una seña de identidad del PSOE. De hecho, durante el Gobierno de Pedro Sánchez, y por primera vez en la historia de España, el peso del sector público, que consume el 51,5 % del PIB, ha superado al del sector privado.

La retórica de los Ejecutivos socialistas camufla el Estatismo presentando las ayudas e intervenciones públicas como gestos de solidaridad. Nadie niega a estas alturas el efecto benéfico que genera el Estado del Bienestar sobre el conjunto de la sociedad. El socialismo, sin embargo, va más allá. Las transferencias de dinero público, tal y como las realiza el PSOE, propician que segmentos cada vez más amplios de la población tengan una dependencia estructural del Estado. Porque el PSOE, además de subvenciones y ayudas, diseña en paralelo una serie de políticas –elevados impuestos, laberínticas legislaciones, burocratización intensa y constante– que en la práctica frustran las iniciativas de la sociedad.

Un ejemplo de estas políticas puede comprobarse en el momento presente. Pedro Sánchez suele expresar en público su preocupación por los vulnerables; por las personas que más sufren el efecto de la inflación. Sin embargo, el Ejecutivo socialista se niega a corregir el impacto de su presión fiscal pues gracias a la inflación aumenta la recaudación del Estado.

La nación española

En políticos, afiliados y simpatizantes del PSOE se detecta un gusto por el cosmopolitismo que, al mismo tiempo, hacen compatible con un cierto sabor popularista, entre folklórico y proletarizante. Sin embargo, su línea de fondo, que comparten con el grueso de la izquierda española, es la tendencia a problematizar la idea de España por identificarla con el conservadurismo y la confesionalidad.

El PSOE no percibe que la unidad de España favorece el crecimiento económico y la justicia social y aliándose con partidos nacionalistas de corte medievalizante, xenófobo o revolucionario –PNV, Junts, ERC, Bildu– que son lo opuesto a los intereses que la socialdemocracia afirma defender.

De ahí que Zapatero en 2004 manifestase en el Senado que «la nación es un concepto discutido y discutible». Más lejos ha ido Pedro Sánchez, cuando en este mismo año 2022, durante un homenaje a Miguel Ángel Blanco, se refirió a Euskadi y España como dos países distintos. Sánchez textualmente afirmó que «Si hoy Euskadi y España son países libres y en paz, es gracias a todos y todas».

En la práctica, las formaciones nacionalistas e independentistas saben que disponen de un aliado preferente cuando un presidente del PSOE reside en el Palacio de la Moncloa. Fue Zapatero el que puso en marcha la reforma de Estatuto de Cataluña, que ha creado en España la más grave crisis institucional desde la Transición. Y Pedro Sánchez con su ‘Coalición Frankenstein’ –apodada así por Alfredo Pérez Rubalcaba– acepta los votos de Bildu.

Los pactos del PSOE con los nacionalistas también obedecen a intereses pragmáticos. Los socialistas lograron en 1987 su última mayoría absoluta. Desde entonces, para alcanzar el Ejecutivo de España necesitan conformar alianzas con todas las fuerzas políticas que están a su izquierda en el plano ideológico, a las que han de añadir, para que los números cuadren, diversos partidos minoritarios que terminan por marcar la agenda política de los Ejecutivos del PSOE.

La educación

Los sucesivos responsables socialistas de preparar a las generaciones futuras (Javier María Maravall, Javier Solana, Alfredo Pérez Rubalcaba y Pilar Alegría) ha diseñado planes tendentes a la igualación por abajo. Relegan la búsqueda de la excelencia y apuestan, en cambio, por contenidos de corte ideológico.

Los más afectados por estos planes educativos son las clases menos favorecidas, puesto que la enseñanza pública, al degradarse, ha dejado de ser un ascensor social. En España existen en la actualidad 50 universidades públicas, la mayoría de reciente creación. Solo una, la de Barcelona, está situada entre las 200 mejores del mundo.

Las políticas del PSOE en el campo educativo apuestan por la cantidad. La generosa dotación presupuestaria de los gobiernos socialistas refuerza la escuela pública, y ha permitido que en los primeros años de la democracia 1,5 millones de niños tuvieran acceso a puestos escolares. Solucionada la deficiente escolarización, los Gobiernos del PSOE también aumentaron su obligatoriedad hasta los 16 años para homologar a España con el resto de la Unión Europea.

Desde 1980 se han realizado ocho reformas educativas; la práctica totalidad de ellas han sido impulsadas por Ejecutivos del PSOE. El resultado es que España no sale bien parada en el Informe PISA, la mayor prueba educativa internacional, organizada por la OCDE. Pese a las inversiones públicas realizadas, los datos de PISA indican que la educación pública española está por debajo de la media en compresión lectora, ciencias y matemáticas. En España la tasa de abandono escolar prematuro es la más alta de Europa. En 2019 fue del 17,3%. En Grecia, por ejemplo, es del 4,1% y en Irlanda, del 5,1%.

El éxito en este terreno no parece estar tanto en la dotación presupuestaria o la obligatoriedad, sino en el diseño de planes educativos que primen el mérito y la adquisición de conocimiento. Quien así lo sostiene es la responsable de análisis de PISA, Miyako Iked. Los países que forman parte de este informe han incrementado en un 50% su inversión por estudiante en las últimas dos décadas, pero constatan que no por ello han conseguido mejorar los resultados en lectura, ciencia y matemáticas.

La cultura

Los intelectuales socialistas pendulan entre el criticismo radical y el idealismo naïf. Tras renunciar al marxismo en su congreso extraordinario de 1979 el PSOE cae en las modas ideológicas de turno, que luego, una vez alcanza el poder, se transforman en procesos de colonización pedagógica para el conjunto de la población. Todas las leyes con ambición de ingeniería social y que afectan a puntos antropológicos nucleares –aborto, eutanasia, ideología de género, etc.– llevan el sello parlamentario del Partido Socialista.

Desde 1982 el PSOE para alcanzar sus objetivos ha movilizado una pléyade de empresas informativas y culturales –periódicos, grupos de comunicación, productoras, fundaciones, think tanks, etc.– que le sirven de avanzadilla ideológica, foro público, escaparate de novedades, parapeto absolutorio y tribunal inquisidor.

En el estilo y las formas, al PSOE le gusta la anécdota post modernizante y las corrientes vitalistas intrascendentes –«La Movida»-, que simplemente entretienen y evaden. En su entorno, no por casualidad, tuvo acogida la cultura del «Pelotazo»; es decir, la apuesta por el enriquecimiento rápido, la especulación, la ostentación agresiva y el gasto sin control. Utilizar el avión presidencial para ir a un concierto de The Killers es un ejemplo de como en el actual PSOE los estilos de la Movida y el Pelotazo no son cosas de los ochenta, sino de estricta actualidad.

La corrupción

El PSOE ha protagonizado los casos de corrupción más sonados de la política española y, en algunas ocasiones, por el volumen económico del escándalo, también del conjunto de la política europea. Los más célebres han sido Ibercorp (gobernador del Banco de España), Filesa (financiación irregular del PSOE), Roldán (director de la Guardia Civil) y Fondos Reservados; todos en tiempos de González.

El caso Morodo, sobre los nexos entre el PSOE y el régimen chavista de Venezuela durante la etapa de José Luis Rodríguez Zapatero, continúa pendiente de aclaración.

Más reciente es el caso ERE, por el que el Tribunal Supremo ha condenado a dos expresidentes del PSOE, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, ambos también expresidentes autonómicos de Andalucía. En el caso ERE se repartieron 679 millones de euros arbitraria e ilegalmente; era dinero público destinado a personas desempleadas.

Los GAL

Durante los primeros ochenta, el PSOE colaboró en la consolidación democrática de España. Sin embargo, este partido también se vio envuelto en capítulos turbios, como fueron los GAL durante la etapa de González.

Los políticos socialistas fueron durante años, al igual que los del PP, uno de los principales objetivos de los asesinatos de ETA. La banda terrorista, gracias al consentimiento del presidente francés Valéry Giscard d’Estaing, tenía en el sur del país galo un santuario. Los indicios apuntan a que se decidió dar una respuesta al terrorismo al margen del Estado de Derecho y que la orden partió desde entornos próximos al Gobierno del PSOE y a los principales líderes del Partido Socialista de Euskadi. Los GAL, acrónimo de Grupos Antiterroristas de Liberación, fueron agrupaciones parapoliciales que practicaron entre los años 1983 y 1987 una «guerra sucia» contra ETA, causando un total de 27 asesinatos. La creciente amistad de Felipe González con el nuevo presidente francés, el también socialista François Mitterrand, terminó con el santuario galo.

El saldo

En el saldo priman las sombras sobre las luces, pero es indudable que el PSOE, a lo largo de los últimos 40 años de historia, también ha realizado contribuciones positivas para el conjunto de España.

Del lema ‘OTAN, de entrada, no’ de 1982, el Partido Socialista pasó a pedir el sí en el referéndum de 1986 sobre la permanencia en la Alianza Atlántica. Un político socialista español, Javier Solana, ha llegado a la secretaría general de la OTAN y Pedro Sánchez es un firme defensor de su necesidad. El PSOE ha sido quien oficializó la entrada de España en la Unión Europea, aunque el proceso venía gestándose desde la Transición.

El PSOE, asimismo, ha reforzado el sistema de la Seguridad Social, y ha sacado adelante leyes tan necesarias como las de dependencia,  ingreso mínimo vital, transición energética y violencia de género. Hoy no hay pueblo en España que no tenga Casa de Cultura, centros de día para los ancianos, piscina y polideportivo. Esto, en no pequeña parte, es una contribución del PSOE.

El PSOE poco a poco ha perdido el favor mayoritario de los votantes. Ahora, para gobernar el conjunto del país, se ve en la paradoja de tener que pactar con partidos minoritarios que no esconden su radicalismo antisistema ni la voluntad de ruptura de la unidad nacional. Gobernar con los amigos del desgobierno parece una contradicción y, efectivamente, lo es.

Desde 2008 España vive una situación de crisis constante, que al malestar económico solapa el aventurerismo político. Dos acontecimientos súbitos e inesperados –la pandemia y una guerra a las puertas de Europa– han hecho que la situación tome un giro de imprevisibles consecuencias.

El tronco mayoritario de la sociedad comienza a añorar, de manera todavía confusa, pero con creciente fuerza, la sensatez y capacidad de concordia de la que España hizo gala en la Transición. Formar parte del problema o de la solución, en el caso del PSOE, dependerá de su capacidad para leer los signos del tiempo futuro con la misma habilidad que demostró en el pasado.

 

Fuente: El debate

La encuesta de Metroscopia fue realizada de forma telefónica entre los días 18, 19 y 20 de octubre, realizando un total de 1.150 entrevistas en esos tres días. El margen de error de la misma es de ±3.9 puntos.

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