La ‘ratonera’ de los fijos discontinuos y el paro: un laberinto en el que hasta Díaz se pierde

Las cifras presentadas por la vicepresidenta vuelven a encender la polémica 

Desde la reforma laboral, más de 734.184 fijos discontinuos inactivos empezaron a cobrar el paro  

El ‘tropiezo’ cometido la semana pasada por la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, con la cifra de fijos discontinuos que no están trabajando sigue sorprendiendo a propios y ajenos por dos motivos: el primero que la ministra de Trabajo se remitió a los ‘microdatos’ de la Encuesta de Población Activa, cuando su ministerio maneja, a través del SEPE, sus propias estadísticas al respecto. El segundo, que los datos que ofreció estaban claramente sesgados, ya que solo ofreció los considerados “inactivos” por el INE, sin incluir los casos en los que los considera “parados”. Aunque la polémica cuestiona también muchos de los análisis aportados por expertos independientes y partidos políticos sobre esta cifra.

Desde la aprobación de la reforma laboral se ha extendido la idea de que los fijos discontinuos maquillan las cifras de paro por la razón de que cuando su trabajo se interrumpe pero el contrato se mantiene vigente –es decir, no son despedidos– entran en una situación conocida como “pase a la inactividad” en la que son dados de baja de afiliación a la Seguridad Social hasta que su empresa vuelve a llamarles y pueden cobrar una prestación por desempleo, si bien no forman parte del paro registrado por el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE).

Pero sí figuran en la Encuesta de Población Activa (EPA), que elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE), aunque esto depende de cómo respondan a la encuesta: si declaran estar buscando otro empleo y disponibles para incorporarse, son parados (aunque tengan un contrato vigente); si no lo buscan o no están disponibles, por ejemplo, por esperar el llamamiento inminente de la empresa, se cuentan como “inactivos”. Aunque no es la única, es una de las discrepancias más destacadas entre la definición de paro del SEPE y la del INE.

Dos definiciones de ‘inactivo’

Como se ve, el concepto “inactividad” que utiliza la Encuesta no tiene nada que ver con el de “pase a la inactividad” de los contratados fijos discontinuos (que también pueden ser parados). No sabemos si Díaz jugó a la confusión para ganar un debate parlamentario o si se confundió ella misma. Lo que sí sabemos es que los “55.300 fijos discontinuos inactivos” que citó quedan muy por debajo de los casi 170.000 fijos discontinuos que estaban cobrando el paro según los últimos datos del SEPE.

Díaz utilizó los denominados microdatos de la EPA, ficheros de datos ‘en bruto’ con las respuestas recopiladas en la encuesta. Estos datos son accesibles para cualquiera que los solicite, pero la complejidad de trabajar con ellos sin errores requiere una elevada formación estadística, con los cual sus solicitantes suelen ser investigadores. Volveremos sobre esto más adelante.

Los datos del SEPE, por el contrario, son públicos y se comunican cada mes. No proceden de una encuesta, sino de los registros de demandantes de empleo que hacen los servicios públicos del empleo autonómicos (que tiene la competencia de políticas activas) y los de los beneficiarios de prestaciones por desempleo que este mismo organismo abona.

De aquí se obtienen dos métricas que no pueden ser más diferentes. La primera es, además, especialmente confusa: se trata de los demandantes de empleo con relación laboral, categoría en la que se incluyen los fijos discontinuos que han pasado a la inactividad cuando se inscriben en una oficina pública de empleo. En febrero, último dato disponible, había 735.000 personas en esta situación. Pero aquí empiezan los problemas.

Servicios de estudios como Fedea han puesto el foco en esta clasificación comofoco del ‘paro oculto’ ya que desde febrero de 2022 su número ha aumentado aproximadamente en 500.000. Pero lo cierto es que nadie sabe exactamente cuántos son fijos discontinuos, ni cuántos de estos no están trabajando. Y es en teoría que un asalariado con este tipo de contrato puede mantener la demanda vigente, aunque trabaje. Hace más de un año prometió clarificar las cifras, pero solo lo hizo de manera parcial en una respuesta parlamentaria al PP. Ahora parece haber decidido que la opacidad le resulta más rentable como estrategia y últimamente ha optado por culpar a las comunidades autónomas, sobre todo las del PP, de no facilitar los datos.

Lo que sí sabemos es cuántos fijos discontinuos cobran el paro por haber pasado a la inactividad. El SEPE señala que en enero eran 169.456 Una cifra que, aunque triplica la aportada por Díaz en el Senado (y que solo incluye a los que la EPA considera “inactivos”), resulta muy inferior a los demandantes con relación laboral. Pero aquí hay que tener en cuenta la volatilidad de estos beneficiarios de prestaciones, sobre todo teniendo en cuenta el marcado carácter estacional de sus empleos. Además, hay que recalcar que esta cifra no recoge a los que perciben el paro tras un despido o por entrar en un ERTE.

El SEPE no precisa cuántos fijos discontinuos han cobrado el paro por pasar a la inactividad en el conjunto del año, solo aporta los que no había cada mes y una media de los meses del año (para reducir la estacionalidad). Si nos fijamos en este último dato, se aprecia que está al alza tras la reforma laboral, pero el repunte se concentra en 2023, hasta los 124.000, ya que en 2022 bajaron.

¿Cómo es esto posible? Hay dos motivos: el primero, que en pandemia muchos fijos discontinuos en sectores afectados por los confinamientos y que no pudieron volver a ser llamados, se vieron beneficiados por una flexibilización en el cobro de su prestación que aumentó los beneficiarios.

El segundo, que muchos nuevos fijos discontinuos creados por la reforma laboral no habían cotizado lo suficiente en 2022 para cobrar la prestación como sí hacían los fijos discontinuos que trabajaban antes de la neuva ley y que pueden encadenar lustros en esta situación. Esto se aprecia en la evolución de dos variables habitualmente ignoradas: las altas y las reanudaciones de prestación.

Solo en enero se produjeron 32.000 altas iniciales de prestación y 52.000 reanudaciones. En 2023, las primeras sumaron 355.163 y las segundas 431.637. En 2022 fueron 346.554 y 267.683, respectivamente. Como se ve, las reanudaciones se han disparado un 61,2% y las altas apenas un 2,5%. Esto apunta a que los fijos discontinuos empiezan a acumular cotización suficiente para repetir (e incluso más de una vez).

En total, 734.184 fijos discontinuos han cobrado por primera vez el paro al pasar a la inactividad desde que entró en vigor la reforma laboral, y 753.249 han reanudado en algún momento el cobro de la prestación.

Eso sí, ambas cifras se cruzan y no pueden sumarse para extraer la cifra de beneficiarios. Eso solo puede hacerlo el cálculo del SEPE. En la mencionada respuesta parlamentaria al PP sí hizo este ejercicio para 2022: reveló que había 443.078 personas con contrato fijo discontinuos ‘inactivos’ en los servicios públicos de empleo, de los que 268.402 cobraban prestación. Ir más allá es imposible por la negativa de Trabajo a repetir este ejercicio.

Los microdatos de la polémica

En cualquier caso, los datos de prestaciones son limitados (no incluye a los que no cobran el paro) y los de demandantes con relación laboral inútiles si el Gobierno central a través del SEPE o las comunidades (cada una por su cuenta) no depure las cifras. Por ello, la opción lógica parece ser mirar los microdatos de la EPA, que además tienen la ventaja de contar como parados a los fijos discontinuos que han pasado a la inactividad cuando buscan otro trabajo. En este sentido, que Díaz haya elegido solo revelar el otro caso, el de los fijos discontinuos inactivos que no quieren otro trabajo y por lo tanto son inactivos también para la EPA, resulta, como poco, llamativo.

Eso sí, la cifra de fijos discontinuos con su contrato en vigor, pero inactivos que son considerados parados por la EPA también es escaso. De hecho, el total apenas llega a 120.000, por debajo de la media de los que cobraron el paro en 2023 y muy por debajo de los que lo hicieron en enero de 2024, según los datos recogidos por diversos medios estos días.

Algunos analistas sostienen que esto se debe a que la EPA no recoge bien la volatilidad de estos contratos, estén trabajando o no, un argumento que se aplica a los contratos temporales. Además, los datos del SEPE y de la EPA no tiene nada que ver y su definición de parado, en el caso de los fijos discontinuos inactivos, difiere. Pero de 120.000 a 735.000 la brecha es demasiado amplia.

En este sentido, la pregunta que cabe haceres es por qué muchos de los expertos que han analizado la cifra de los fijos discontinuos, no han recogido estos microdatos a los que tienen acceso en sus estudios sobre sus cifras: si es por la supuesta ‘escasa fiabilidad’ de la EPA o porque restaba impacto a sus propios informes. En este sentido, si Díaz los hubiera esgrimido correctamente, seguramente hubiera logrado neutralizar muchas de estas tesis, aunque a costa de ningunear los que publica el ministerio que ella dirige.

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