LA PREVISION DEL GASTO EN PENSIONES

Para la previsión de la ratio del gasto en pensiones contributivas de la Seguridad Social sobre PIB en España se usa un modelo de previsión a largo plazo de la demografía y del Producto Interior Bruto (PIB) potencial, para finalmente proyectar el gasto en pensiones en el futuro. El modelo empleado ofrece un macro integrado de los componentes demográficos, macroeconómicos e institucionales, prestando atención a la interacción de estos elementos entre sí, como se observa en el siguiente esquema, y a la incertidumbre.

 

  • FECUNDIDAD
  • POBLACIÓN
  • ACTIVIDAD
  • TASA DE PARO
  • INMIGRACIÓN
  • MERCADO DE TRABAJO ECONOMÍA
  • ESPERANZA DE VIDA
  • PRODUCTIVIDAD
  • POBLACIÓN EN EDAD DE TRABAJAR
  • POBLACIÓN > 67años.
  • GASTO EN PENSIONES

 

Para abordar esta tarea se desarrollan tres módulos de trabajo: demografía, mercado de trabajo y gasto en pensiones:

 

En el MÓDULO DEMOGRÁFICO se estima la evolución de la tasa de fecundidad, esperanza de vida e inmigración, y se obtiene la población total por cohortes de edad.

 

En el MÓDULO DE MERCADO DE TRABAJO se proyecta la evolución de la tasa de actividad, de la tasa de paro y de la productividad laboral que, junto con la población en edad de trabajar, determinan el PIB de la economía.

 

En el MÓDULO DE PENSIONES, se estima la evolución esperada del gasto en pensiones como el producto del número de pensiones y de la pensión media. El número de pensiones depende de altas y de bajas. Las primeras a su vez responden al envejecimiento de la población, a las tasas de actividad y de paro a edades avanzadas y a la regulación de pensiones. Las bajas son principalmente el resultado de aplicar las tasas de mortalidad del escenario demográfico. La pensión media depende principalmente de la evolución de los salarios y del sistema de pensiones.

 

EL SISTEMA DE PENSIONES EN ESPAÑA

El sistema público de pensiones en España es de reparto, contributivo y de prestación definida. Que sea de reparto significa que en cada momento del tiempo los trabajadores dedican una parte de sus salarios a pagar la pensión de los actuales jubilados, es decir, su recaudación se reparte entre todos los jubilados que tienen derecho a percibir una pensión.

 

Que sea contributivo significa que existe una correspondencia entre las cotizaciones realizadas durante la vida laboral y las pensiones recibidas durante el periodo de jubilación, de manera que cuanto más se contribuye mayor es la pensión. En contraposición a los sistemas contributivos (o tipo “bismarkiano”) existen los asistenciales (o tipo “beveridge”), que proveen la misma pensión a todos los trabajadores independientemente de cuanto hayan contribuido.

 

Que sea de prestación definida significa que en cada momento del tiempo la tasa de sustitución de las pensiones (o el nivel de la pensión en relación al salario) está definida en función del historial laboral (básicamente años cotizados y bases de cotización).

 

LOS PROBLEMAS DE SOSTENIBILIDAD Y LAS SOLUCIONES INSUFICIENTES

El factor demográfico (Poblacion mayor 65/Población entre 16-64) recoge la tasa de dependencia, esto es, la ratio entre la población en edad de jubilación y la población en edad de trabajar.

 

El factor de mercado de trabajo es la inversa de la tasa de empleo (porcentaje de la población en edad de trabajar que tiene un empleo remunerado).

 

El factor institucional depende de las reglas que rigen el sistema de pensiones y por lo tanto es el que se ve afectado directamente por las reformas del mismo, este factor esta formado por dos variables: la elegibilidad y la generosidad. La elegibilidad es la ratio entre el número de pensiones y la población en edad de jubilación (Nº Pensiones/Población mayor 65) y está sujeto, por tanto, a las normas de acceso a las pensiones. El estado español reconoce prestaciones contributivas por jubilación, viudedad, orfandad e incapacidad permanente. Todo ello unido a las pensiones de jubilación anticipada hacen que actualmente en España esta ratio sea superior a la unidad (1,07). Por otro lado, la generosidad se define como la ratio entre pensión media y productividad media (o PIB por ocupado). Su evolución futura dependerá, no sólo de los cambios en la productividad que experimente la economía (progreso tecnológico) sino también, lo que es más importante, de cómo se trasladen los aumentos en la productividad a las pensiones.

 

Dado que en España, las pensiones contributivas se calculan en base a una función que depende del historial laboral de los trabajadores los aumentos en la productividad, en la medida que generan ganancias salariales, se acaban trasladando a las pensiones. Por este motivo la pensión media y la productividad media no son independientes entre sí. Esta relación también implica que la tasa de sustitución de las pensiones (la ratio entre la pensión media y el salario medio) depende de la tasa de crecimiento de la productividad y esta relación de dependencia varía en función de cómo se determinen las prestaciones contributivas.

 

En la Tabla 1, vemos las proyecciones de gasto bajo dos escenarios demográficos alternativos. El escenario demográfico del INE del año 2016, que vamos a considerar como un escenario con baja inmigración y el escenario de la AIReF de 2019, que vamos a denominar de alta inmigración. Según el escenario demográfico del INE (2016), el factor de demográfico pasará del 28,8% actual (tomando la población en edad de trabajar como la comprendida entre 16 y 64 años) al 60,2% en 2050. Mientras que con el escenario de la AIReF, el factor de sostenibilidad alcanzará el 52%. Es decir, simplemente por culpa de este factor, el gasto como porcentaje del PIB será aproximadamente 2,1 veces el actual si usamos el escenario con baja inmigración (INE(2016)) o será 1,8 veces si usamos el escenario con alta inmigración (AIReF(2019)). Este aumento del gasto podría ser contrarrestado por aumentos de la tasa de empleo y por disminuciones de la tasa de sustitución de las pensiones que tendrían lugar como consecuencia de futuras reformas.

 

CUATRO LUGARES COMUNES ERRÓNEOS SOBRE LA SOSTENIBILIDAD DEL SISTEMA DE PENSIONES

La sostenibilidad financiera del “sistema actual de pensiones” no se restaura “creando suficiente empleo”

Alcanzar el pleno empleo tan solo serviría para compensar (aproximadamente) una quinta parte del aumento del gasto en pensiones asociado al envejecimiento demográfico en el escenario de baja inmigración (escenario INE (2019)) o cerca de una cuarta parte en el escenario con alta inmigración (escenario AIReF (2019)). Es decir, según las previsiones demográficas, el proceso de envejecimiento es tan intenso que a pesar de alcanzar el pleno empleo, en unas décadas tendremos prácticamente un trabajador por cada jubilado. El proceso de envejecimiento es tan intenso, que el factor demográfico mejoraría solo marginalmente, muy poco en comparación con lo que sería necesario para restaurar la sostenibilidad financiera de un sistema público de pensiones con las prestaciones actuales incluso, alcanzando el pleno empleo.

 

La sostenibilidad financiera del “sistema actual de pensiones” no se restaura “aumentando los salarios” no justificados por un aumento similar de la productividad

Dicho incremento tiene un efecto de una disminución de la tasa de sustitución de las pensiones. En otras palabras, siempre y cuando las prestaciones del sistema de pensiones se financien exclusivamente mediante impuestos al trabajo, su sostenibilidad financiera no depende de la participación de los salarios en el PIB (y por lo tanto, tampoco de su crecimiento), sino que depende exclusivamente del tipo impositivo efectivo de las cotizaciones sociales, de la ratio entre número de pensiones a financiar y número de cotizantes y de la tasa de sustitución . Así pues, la contribución del aumento de los salarios a la mejora de la situación financiera del sistema de pensiones solo se puede producir mediante una disminución de la tasa de sustitución

 

Esta disminución depende de cómo se revaloricen las pensiones. Si estas se revalorizan con el crecimiento de los precios, el aumento de la pensión media será menor que el aumento del salario medio en la medida en que exista una brecha entre inflación salarial e inflación de precios. Esto es así porque los aumentos salariales tardan en trasladarse a la pensión media, que incluye las que ya están en alta y, que, por lo tanto, dependen de los salarios (más bajos) de periodos anteriores. Sin embargo, bajo escenarios razonables sobre crecimientos de la productividad y de los salarios, su impacto cuantitativo sobre la tasa de sustitución de las pensiones es limitado y el que se mantiene en el largo plazo es incluso menor porque aumentos de los salarios dan lugar a prestaciones futuras por jubilación más elevadas, dado que el sistema público español de pensiones es, y se pretende que siga siendo, de carácter contributivo. En cuanto a la relación entre productividad, salarios y pensiones, es importarte advertir de los riesgos de un mecanismo que se ha venido utilizando en el pasado para que los aumentos salariales no se trasladen a las pensiones, y que puede acabar cambiando la naturaleza del sistema. Este mecanismo, consiste básicamente en mantener constante en términos reales la pensión máxima, mientras se aumenta en términos reales la base máxima de cotización.

 

Si los salarios (y todas las bases de cotización) crecen de forma continuada al ritmo del crecimiento de la productividad y la pensión máxima a la que tiene derecho un individuo no se actualiza con los salarios ocurren dos cosas:

 

  1. i) aumenta la diferencia entre la pensión máxima y la base de cotización máxima, con lo cual la tasa de sustitución (i.e. ratio pensión/salario) de los trabajadores con derecho a pensión máxima es cada vez menor;

y ii) cada vez habrá más individuos con derecho a percibir dicha pensión máxima. Ambos efectos consiguen que la generosidad del sistema (i.e. la pensión media /productividad media) para el sistema en su conjunto se reduzca.

 

Es decir, este mecanismo silencioso consigue romper la relación entre la pensión media y la productividad media (o el salario medio), logrando reducir el gasto total. Se trata, por lo tanto, de una reforma en toda regla pero hecha por la puerta de atrás. Efectos similares tienen lugar si el tope máximo de las bases de cotización se eliminara mientras que se dejara en vigor el correspondiente a la pensión máxima. Esta “reforma silenciosa” tiene un importante efecto de contención del gasto. En el caso más extremo (donde se congela en términos reales la pensión máxima) puede suponer un ahorro de hasta 3,2 puntos de PIB en 2050.

 

Como sabemos existen dos tipos de sistema de pensiones con respecto al grado de redistribución intergeneracional: sistema contributivo (o bismarkiano) y sistema asistencial (o beveridge). El primer sistema de seguridad social fue creado por Bismark en Alemania en el año 1881. Este sistema se caracterizaba porque existían una relación entre las cotizaciones realizadas y las pensiones que se reciben (pensión contributiva). Por otro lado, el informe Beveridge (“Beveridge Report”), publicado en el Reino unido en el año 1942, abogaba por la introducción de un sistema mínimo como instrumento de lucha contra la pobreza, que otorgara una pensión fija e igual a la mayoría de los trabajadores (pensión asistencial). En un sistema tipo Bismarckiano, las pensiones son un función creciente de la renta laboral,. En definitiva, aumentos de los salarios, aun causados por un repunte considerable del crecimiento de la productividad, no podrán cubrir toda la brecha entre ingresos y gastos del sistema público de pensiones, sino solo una parte. Es decir, el argumento de que más productividad ayuda a solucionar la sostenibilidad de las pensiones solo es cierto cuando los aumentos salariales no se trasladan de forma instantánea y permanente a todas las pensiones, las que ya están en alta y las futuras. Y cuando esto ocurre la tasa de sustitución de las pensiones disminuye. Resulta curioso que para defender la viabilidad del sistema actual sin reformar se confíe en una medida que solo tendría un efecto sustancial si se redujera la tasa de sustitución de las pensiones que se pretende conservar.

 

La sostenibilidad financiera del sistema de pensiones no se restaura “aumentando las cotizaciones sociales”

La contención del gasto sólo se puede producir con cambios en el factor institucional, es decir mediante cambios en la cobertura y generosidad de las pensiones. Hay tres maneras de incrementar los ingresos por cotizaciones sociales: aumentar el tipo legal, elevar el tope mínimo de la base de cotización, y suprimir el tope máximo de la base de cotización. Todas ellas tienen el inconveniente de que producen aumentos de los costes laborales que podrían traducirse en disminuciones de la tasa de empleo, que harían más difícil restaurar la sostenibilidad financiera. Recordemos que el déficit de la seguridad social en 2050 alcanzaría 4 puntos de PIB anuales es el escenario demográfico con alta inmigración (escenario AIReF) y 6 puntos de PIB en el escenario de baja inmigración (escenario INE). Por otra parte, es importante resaltar, las dos últimas medidas (elevar la base mínima de cotización o suprimir el tope de la base máxima) no tendrían muchos efectos sobre el saldo financiero del sistema en el medio plazo, dado que a mayores bases de cotización les corresponden prestaciones más elevadas. Solo si el “destope” de la base de cotización fuera acompañado de la congelación de la pensión máxima (aplicándose la “reforma silenciosa”), se podría producir una cierta mejoría de las cuentas de la Seguridad Social aunque se reduciría la naturaleza contributiva del sistema que se pretende preservar reformando nuestro sistema hacia otro de naturaleza asistencial.

 

La sostenibilidad financiera del sistema de pensiones no se restaura “usando los impuestos generales”

A primera vista utilizar impuestos generales para financiar las pensiones parece una medida razonable (e inevitable a corto plazo). Con algo más de perspectiva, esta medida tiene varios inconvenientes. El primero es que se necesita una aportación cuantiosa de recursos financieros para que se consiga igualar los gastos y los ingresos del sistema de pensiones, manteniendo, al mismo tiempo, las tasas actuales de sustitución . Con un elevado déficit público en el entorno del 3% del PIB y una ratio de deuda pública sobre PIB superando el 100% del PIB, no parece que exista mucho margen para obtener tales recursos adicionales. Máxime si con el envejecimiento también van a subir otros gastos asociados al mismo como la sanidad o la dependencia.

 

Además la naturaleza de un sistema de pensiones contributivo reside en que la pensión que recibe un jubilado depende de las cotizaciones realizadas a lo largo de su vida laboral. Dicho de otro modo, si no contribuyes lo suficiente, no tienes pensión contributiva, y si contribuyes poco, tu pensión es baja. Si usamos otros impuestos (como IVA o IRPF) para financiar las pensiones contributivas lo que estamos haciendo es romper el principio de contributividad, ya que una persona que no ha trabajado suficiente y no tiene derecho a una pensión contributiva (o a una pensión más baja) podría reclamarla aludiendo a que en realidad si esta aportando al sistema de pensiones a través del pago del IVA cuando consume o cuando paga el IRPF.

 

POSIBLES SOLUCIONES PARA LA SOSTENIBILIDAD DEL SISTEMA DE PENSIONES

En definitiva, las cuatro “soluciones” anteriores, incluso si se realizaran conjuntamente, no podrían conseguir que el sistema público de pensiones mantuviera tanto su naturaleza contributiva como las tasas de sustitución que ha ofrecido hasta la fecha. La solución pasará por una batería de medidas entre las cuales están, por supuesto, las contempladas en el apartado anterior: alcanzar el pleno empleo, eliminar la precariedad laboral para aumentar las tasas de fecundidad, mejorar la educación y la inversión en I+D+i para aumentar la tasa de crecimiento de la productividad y aumentar los ingresos del sistema de pensiones. Pero, sin duda, aun alcanzando estos objetivos tan deseables, la tasa de sustitución de las pensiones tendrá que disminuir para adaptarla a la nueva longevidad.

 

Es absolutamente necesario que los futuros pensionistas conozcan con cierta anticipación cuál será la pensión que van a recibir, que dicha pensión esté protegida frente a aumentos de la inflación, que el acceso a la jubilación sea flexible y tenga en cuenta la heterogeneidad de las condiciones individuales y de las vidas laborales y, en definitiva, que se haga de una manera eficiente y justa (es decir, con unos criterios razonables de equidad inter e intra generacional).

 

Solo hay dos vías para reducir la tasa de sustitución de las pensiones, mas allá de la “cuasi congelación” de las pensiones. Por un lado, transformar el sistema actual en un sistema puramente asistencial, en el que se reduzcan de forma paulatina las pensiones que se sitúan por encima de una pensión media para que al final todos los trabajadores perciban la misma pensión al jubilarse, cuyo importe sería de subsistencia. Esta es una vía que esta potencialmente abierta, pero si se hace, no debe ser a través de la “reforma silenciosa”, sino anunciándola a los ciudadanos. Por otro lado, mantener la contributividad, pero transformando el sistema hacia uno de cuentas nocionales de modo que las pensiones percibidas tuvieran una mayor correspondencia con las cotizaciones realizadas.

 

Sistema de Pensiones de Reparto de Cuentas Nocionales

Los sistemas de reparto de cuentas nocionales, registran todo lo que el trabajador cotiza a lo largo de su vida laboral en lo que se llama una “cuenta nocional individual” porque se trata realmente de un mero apunte contable. Resaltar que estos sistemas de pensiones son de reparto, es decir, todo lo cotizado se destina a pagar las pensiones en dicho momento. La pensión de jubilación a la que tendrá derecho el trabajador se calcula en función de lo aportado durante toda su vida, que esta registrado en dicha cuenta nocional, y de ciertas reglas que tienen en cuenta la esperanza de vida en el momento de la jubilación e incluso de algunas variables económicas relevantes para la sostenibilidad del sistema como la ratio entre cotizantes y jubilados o el crecimiento del PIB, etc. Este sistema calcula la pensión a la que tiene derecho el trabajador de una forma más sencilla y transparente, ya que básicamente, la pensión se calcula en función de un rendimiento hipotético que podrían haber tenido las aportaciones realizadas por el trabajador a lo largo de su vida. Esta sencilla formula sustituiría a la compleja e injusta formula del sistema actual, que utiliza los años trabajados, las bases de cotización de los últimos 25 años, la edad de jubilación y los múltiples umbrales (máximos y mínimos) sobre las pensiones y las bases de cotización. Dicho rendimiento hipotético se calcula aplicando una tasa de rentabilidad estimada de forma que el sistema sea financieramente sostenible dadas unas prestaciones calculadas actuarialmente en función de las aportaciones acumuladas y las expectativas de longevidad. Así, en el momento de la jubilación, este fondo se convierte en una renta vitalicia o pensión que no solo dependerá de esta rentabilidad virtual o hipotética, sino también de la esperanza de vida en ese momento. Dicho de otro modo, la pensión que percibirá el trabajador deberá respetar algún tipo de equivalencia actuarial o factor de proporcionalidad entre lo aportado y los años esperados que va a percibir la pensión a lo largo de toda su vida. Así pues, el nuevo sistema de reparto de cuentas nocionales, en la línea de países como Suecia o Italia, reforzaría la contributividad teniendo en cuenta toda la vida laboral y otras situaciones que se consideren que deberían tenerse en cuenta a la hora de generar derechos. Este modelo incorpora, además, la introducción de instrumentos de ajuste automático del gasto en pensiones frente a cambios demográficos y económicos, proporciona incentivos para aumentar la oferta de trabajo, permite una jubilación flexible plenamente compatible con el pleno empleo, y restablece el equilibrio actuarial entre contribuciones realizadas y pensiones recibidas. Es decir, un sistema como este, permite de una forma más justa y transparente que si un trabajador quiere cotizar más en su “cuenta nocional” puede alargar su etapa laboral, y así aumentar su pensión y evitar la caída en su tasa de sustitución. Al mismo tiempo el sistema facilita la compatibilización entre pensión y salario en la llamada jubilación activa. Por último, este sistema permite visualizar el pago de cotizaciones como un ahorro para la jubilación, con el consiguiente incentivo a cotizar mas por parte de los trabajadores.

 

Los elementos clave la Futura Reforma

Los problemas de sostenibilidad no son solo de corto plazo, como muestra el importante déficit que presenta el sistema en la actualidad, sino de medio plazo, donde los déficits serán muy superiores. A la hora de buscar un consenso, es importante tener en cuenta el orden de magnitud del que estamos hablando. Al volver a actualizar las pensiones con el IPC, el desajuste entre ingresos y gastos es tan grande en las próximas décadas que será necesario actuar en tres dimensiones con distintas implicaciones entre generaciones.

 

  • En primer lugar, la reforma debería afectar lo menos posible a los actuales jubilados pues estos ya no tienen capacidad para adaptar sus decisiones de ahorro y empleo a los cambios en el sistema de pensiones. No podemos olvidar que la población jubilada constituye el principal activo electoral de cualquier partido político y que por el efecto del envejecimiento ira en aumento en las próximas décadas. Por lo tanto, solo se deberían permitir caídas en el poder adquisitivo de las pensiones en situación de grave crisis económica. Y estas caídas deberían tener un límite máximo y en ningún caso debería afectar a las pensiones mínimas.

 

  • En segundo, lugar transformar nuestro sistema de pensiones en uno de cuentas nocionales, donde la pensión que percibe el trabajador será menos generosa que la que percibe actualmente, en el momento del alta. Este nuevo sistema sostenible debería entrar en vigor para los trabajadores menores de una determinada edad. Los trabajadores, por encima de esta edad, podrán tener libertad para elegir si quieren que se les calcule la pensión con el viejo sistema o con el nuevo. No podemos olvidad que el sistema actual es muy injusto, sobre todo para los trabajadores que les va mal laboralmente al final de su carrera profesional. El nuevo sistema de cuentas nocionales, como ya se ha indicado, permite de una forma mas justa y transparente que si un trabajador quiere cotizar más en su “cuenta nocional” puede alargar su etapa laboral, y así aumentar su pensión futura y evitar dicha la caída en su tasa de sustitución. Habría que determinar, no solo la cuantía de la caída de la pensión en el alta, sino también cual debe ser la edad de la generación a la que se le empezara a aplicar el nuevo sistema. Este nuevo sistema conllevara una caída de la pensión inicial, que puede ser compensada por el trabajador posponiendo su edad de jubilación, ya sea de forma completa o parcial. Es decir, estos trabajadores, anunciándoles con tiempo suficiente la reforma, pueden tener margen para adaptar sus decisiones de trabajo y ahorro a dicho cambio. Para preservar el grado de redistribución intrageneracional del sistema de pensiones actual, el nuevo sistema de cuentas nocionales, también debería contar con una pensión mínima y máxima.

 

  • En tercer lugar es probable que sea necesario dotar de más ingresos al sistema. O dicho de otra forma, dotar al sistema de más ingresos para ayudar a financiar la jubilación de los “babyboomers”. Una forma de justificar el uso de ingresos públicos, no provenientes de las cotizaciones y no afectar a la naturaleza contributiva del sistema, es hacerlo como compensación por los años donde las cotizaciones sociales de los trabajadores financiaron la sanidad pública en España.

 

  • En cuarto lugar seria conveniente aprovechar el cambio hacia un sistema de “pensiones de cuentas individuales nocionales” para introducir un sistema de capitalización complementario para todos los trabajadores vía planes de pensiones de empleo. Este nuevo sistema de previsión complementaría debería tener los siguientes elementos. Debe ser voluntario, es decir la seguridad social empezaría reteniendo un porcentaje del salario y lo introduciría en el sistema de capitalización, pero en cualquier momento el trabajador podría pedir que no esta interesado y automáticamente se le da de baja. Segundo, Podría ser gestionado por defecto por la seguridad social, de la misma forma que se gestiono el Fondo de Reserva. Con posterioridad, el trabajador podrá, si le ofrecen mejores condiciones, mover dicho fondo a una entidad privada dentro del marco regulatorio establecido, con el consiguiente efecto positivo del aumento de la competencia entre operadores. Este fondo de capitalización individual podrá usarse, no solo para complementar la pensión pública en el momento de la jubilación, sino también para invertir en el propio capital humano del trabajador en cualquier momento.

 

CONCLUSIONES

El sistema de pensiones en España está en pleno proceso de adaptación a la nueva longevidad. Las reformas emprendidas han encauzado algunos elementos clave, pero aun no está concluido el proceso para garantizar unas pensiones sostenibles y suficientes en el siglo XXI. Volver a indexar las pensiones con el IPC, sin duda una medida justa para los jubilados, pero obligará a tomar decisiones importantes para garantizar la sostenibilidad del sistema. Si queremos preservar la contributividad de nuestro sistema de pensiones, será necesario transformar nuestro sistema de pensiones hacia uno, también de reparto, de “cuentas nocionales” – de contribución definida-, como ya ha realizado otros países que tenían sistemas contributivos similares al nuestro. En concreto, las variables de decisión clave serían:

 

  1. i) a que generación se le aplica el nuevo sistema de cuentas nocionales adaptado a la nueva demografía;
  2. ii) cuanto va a ser la caída en la pensión inicial con el nuevo sistema;

iii) cuantos ingresos adicionales vamos a dotar al sistema en el periodo transitorio

y iv) cual es el limite admisible, o bajo que condiciones se puede afectar al poder adquisitivo de la pensiones.

 

Con esta reforma, la edad efectiva de jubilación, de una forma u otra, acabará estando relacionada con la esperanza de vida en cada momento. Es decir, la edad de jubilación, aunque de forma flexible, aumentará de manera continuada a medida que aumente la longevidad. Y, por otro lado, una vez alcanzada la jubilación, se permitirá la plena compatibilidad entre la percepción de la pensión y el salario. Los trabajadores no pasarán del trabajar a jubilarse en una sola noche, sino que habrá una reducción gradual de la jornada laboral pues en este período de transición del empleo a la jubilación es cuando se permitirá complementar el salario con la pensión. Tan pronto como la longevidad aumente el número de años de vida laboral, algo que no ha ocurrido en todo el siglo XX, Sería conveniente aprovechar la reforma del sistema de pensiones hacia uno de cuentas nocionales, para introducir un sistema de capitalización voluntario y de carácter complementario, planes de pensiones de empleo. Y permitir que los recursos de este fondo, acumulados en una cuenta individual, se puedan utilizar no solo para complementar la pensión pública en el momento de la jubilación, sino también, en cualquier momento para invertir en el propio capital humano del trabajador.

 

En resumen, para garantizar la sostenibilidad financiera de los sistemas de pensiones, será necesario que los trabajadores estén activos en el mercado laboral a edades avanzadas y esto sólo será posible si los trabajadores son capaces de reciclar su capital humano constantemente, a lo largo de toda su vida laboral. ones. Es importante tener en cuanta que en un sistema de pensiones de reparto es una institución inter-generacional, donde la generación de trabajadores de hoy paga las pensiones de los trabajadores del pasado a cambio de percibir pensiones pagadas por las generaciones de trabajadores del futuro. O, dicho de otra forma, ¿alguien cree que, si en las próximas décadas habrá prácticamente un trabajador por cada jubilado, este trabajador, apenas mayor de edad hoy, pagará el solo una pensión entera, tal como la tenemos hoy, y además el resto de los programas del Estado del Bienestar? Y esta es clave, y la razón última por la cual todos los países acaban realizando las reformas necesarias para la sostenibilidad de las pensiones: para hacerlas pagables por las futuras generaciones. Solo con un gran Pacto Nacional por la Pensiones que atienda a la solidaridad intergeneracional, entre las principales fuerzas políticas, veo posible dejar un sistema de pensiones sostenible y suficiente a las generaciones del siglo XXI.

 

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