LA DOBLE ENCERRONA DE LA PRECARIEDAD: NI SUELDO NI PENSIÓN

La imagen es muy poco prometedora: una economía envejecida, con poco atractivo (y pocas posibilidades para los que llegan).

Los jóvenes españoles tienen complicado establecer carreras laborales consistentes. Y eso destroza sus posibilidades a futuro.

 

El tema a tratar es el del mercado laboral y los jóvenes. Tanto en lo que tiene que ver con el coste de las pensiones, como sobre todo en los sueldos bajos, problemas de acceso a la vivienda, falta de perspectivas o incentivos para asentarse en su vida personal y profesional.

Es lógico que muchos trabajadores sientan que su esfuerzo ahora no tendrá premio en el futuro ante el dato preocupante:que la vida laboral de los españoles se estanca en 36 años y medio pese al retraso de la edad de jubilación y que además la mano de obra joven cae un 20% y la senior se dispara un 102% en los últimos 15 años.

 

En todos los casos, se intuye una realidad muy preocupante: el coste de la precariedad. Hablamos de lo que le cuesta a un chico de 25-27 años emanciparse, pèro casi siempre se pasa por alto el medio plazo, como si todo finalizara el día en el que ese joven firme un contrato fijo conun sueldo medio digno (digamo de unos 2.200 euros al mes)

 

La realidad es que lo que uno haga en los primeros años de su vida laboral determinará el conjunto de su carrera. Entre los gurús sobre empleo  es casi un tópico esa idea de que no lo que consigas a los 35 ya no lo tendrás, la idea es que en ese momento ya se tiene que estar en marcha, con unos cimientos sólidos; para luego crecer desde ahí.

 

Los españoles estamos entre los europeos (junto a italianos y griegos) que acumulamos menos años de experiencia laboral real (menos años cotizados, para que nos entendamos) antes de los 30. En parte hay un elemento cultural (esos trabajos de media jornada que tan comunes son entre los jóvenes de otros países y aquí son la excepción); y también cuentan las barreras en el mercado laboral (de las dificultades para contratar que se imponen las empresas a la temporalidad), pero la realidad es que mientras los holandeses, suecos o daneses llegan a los 30 con entre 8 y 12 años de experiencia, nosotros estamos más cerca de los 4-6 años. Y no es sólo que empecemos más tarde, es que ese inicio tardío se va acumulando. Si a los 30 no tienes un buen puesto a los 40 es mucho más difícil que hayas cumplido otras metas.

 

Hay una segunda trampa, también relacionada con el futuro, en este caso a más largo plazo todavía. Nos referimos, claro, a las pensiones. La evolución que están siguiendo todas las reformas aprobadas en Europa en los últimos años comportan el endurecimiento en las condiciones de acceso . Ese endurecimiento se articula de diferentes formas: ampliación del número de años para el cálculo de la base reguladora que determina la cuantía de la pensión de jubilación laexigencia de años cotizados para cobrar el 100% de dicha base reguladora,…; Estos recortes estan asociados a la duración de la carrera laboral y la estabilidad de la misma. De hecho, esto incluso les afecta incluso en la propia edad de jubilación.

 

Por eso se dice que la precariedad del inicio también se arrastra incluso al jubilarse, incluso aunque el trabajador consiga mejores condiciones a los 40 o 45  le penalizarán los años previos.

 

Esto produce una desafección entre los jóvenes: hay una barrera para que no entren al mercado (legislativa y asociada al coste del despido que protege sobre todo a los que llevan ya 15-20 años en la misma empresa; y luego les castigas por no haberlo conseguido. Eso sí, luego les regalan un bono cultural o nos quejamos porque quieren ser todos funcionarios.

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