LA CAPITAL DEL REINO ES UN VIRREINATO. EL CASTICISMO/INDEPENDENTISMO MADRILEÑO

Hacia finales del siglo XIX, coincidiendo con el nacimiento de los nacionalismos periféricos, aparece en Madrid un movimiento que adoptará formas muy originales: «el Casticismo». Hay que resaltar la simbiosis existente entre el «casticismo madrileño» y el teatro: formas, modos, vocabulario, se traspasan del escenario a la calle con tanta rapidez que hoy resulta imposible determinar si nacieron sobre unas cuartillas o fueron antes voz del pueblo.

 

En principio no es de extrañar el fenómeno ya que coincide con numerosas manifestaciones regionalistas en muy distintas regiones aunque todos estos movimientos se caracterizan por mirarse «al propio ombligo» como clave diferenciadora y sin tener inconveniente en reinterpretar la historia en esa línea de pensamiento. Madrid es también distinto en este caso y curiosamente en la elaboración del «casticismo madrileño» no se tuvo en cuenta la historia, aunque exista y sea de fácil utilización en todo momento. De ahí, de ese sentido ahistórico, es la clave de su supervivencia y mientras en otros lugares se buscan músicas y poesías en el pasado o se evoca ese pasado como fundamental, en Madrid se atiende del todo al presente.

 

Los madrileños no tienen inconveniente en tomar como bandera el «chotis», un baile de indudable origen extranjero que llega a la península precisamente en esas fechas, en el glorificado último cuarto del siglo XIX. Otros pueblos elegirán momentos de su época histórica, para hacerlos centro y carne de su sentir colectivo. Madrid no sigue por ese camino y se limita a vivir su «hoy» sin buscar transcendencia.

 

La tradición universal de Madrid, nacida ciertamente en fecha fija, en 1561, es algo irrebatible. Cuando los viajes son cosa anómala, extraordinaria y peligrosa, los madrileños se acostumbran con toda naturalidad a recibir a los que llegan, que vienen desde todo el mundo conocido y la costumbre les hace, desde muy pronto, sentirse más ciudadanos del mundo que de otra cosa.

Resulta curiosísimo que, cuando nacen los regionalistas peninsulares, Madrid cree una especie de nacionalismo al revés, o un nacionalismo enteramente opuesto al sentido de los restantes. Se pueden rastrear los ecos que en su día, ya centenario, despertaron en Madrid sus sentimientos nacionalistas. Incluso existió una pieza teatral (¡Madrid separatista), una parodia con cierta gracia, fingiendo un Madrid secesionista que forma su Gobierno independiente. Quizá sea la contestación de un pueblo que es cosmopolita de siglos y que entiende la diversidad múltiple del mundo, porque la historia se la ha enseñado en la práctica de la vida, a unos fenómenos de corto alcance, a una visiones estrechas del mundo pequeño de nuestros inmediato entorno.

ENLACE A ¡MADRID SEPARATISTA!

Hoy en día la autoproclamada “virreina” Ayuso es a todas luces castiza e independentista y saca de quicio, por ejemplo, a un virulento independentismo catalán al que le molesta el autogobierno de hecho de Madrid. La virreina basa su discurso y su acción en enfrentarse al Gobierno central, pero quizás se “dome” si se respetan sus “sensibilidades”, se pacta con ella los próximos Presupuestos Generales del Estado y se le monta una mesa de Gobiernos, en terraza, naturalmente y seis comensales como máximo.

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