El alarmismo climático empieza a perder fuerza, a difuminarse incluso y aparece con fuerza el nuevo fantasma: la crisis demográfica
a se puede decir abiertamente que el cambio climático no es el principal reto que la humanidad tiene por delante. Ramón González Férriz, entre otros, ha documentado el cambio de paradigma. En la Unión Europea, varias fuerzas conservadoras y radicales votaron el mes pasado rebajar las exigencias del Pacto Verde; entre ellas el Partido Popular español. Ya en las pasadas elecciones europeas, el grupo de los conservadores “tradicionales” compareció con una propuesta que, en la práctica, significa una enmienda al Net Zero y al rumbo reglamentista y contrario a la productividad y la innovación de la gran polis continental.
Y, a la vez que el alarmismo climático empieza a perder fuerza, a difuminarse incluso, aparece con fuerza el nuevo fantasma: la crisis demográfica. En ocasiones casi se escucha girar el sentido común de la época, como una puerta vieja y pesada que pivota sobre los goznes. Las cosas no pasan hasta que, de repente, han pasado. Sobre el clima, sobre la inmigración, sobre el feminismo… En este caso, mirando hacia atrás se identifican hitos del camino: guerra de Ucrania y crisis energética; escalada inflacionaria; señales claras de decadencia en los antiguos motores económicos del continente; y, de modo más general, estándares de bienestar y servicios en declive en toda Europa occidental, cada uno a su ritmo y con sus particularidades, pero con notas comunes: la vivienda, el debate migratorio y el conflicto redistributivo entre pensionistas y trabajadores, especialmente jóvenes.
Envejecimiento de la sociedad
Porque la crisis demográfica no se declina solo a partir de la natalidad ausente, sino del envejecimiento de la sociedad, y de las dinámicas de poder, producción y distribución a las que aboca un mundo de, casi, jubilados. Dos periodistas jóvenes, Estefanía Molina y Analía Plaza, han irrumpido en el debate generacional con sus estilos particulares. Molina, además, con el aval de Jon González, uno de los analistas que llevan años haciendo desde las redes el trabajo crudo que otros, en posiciones de aparente responsabilidad, no hacen -o hacemos. Hace años, los entonces jóvenes de Politikon se ocuparon de la brecha generacional, en los tiempos ingenuos antes de Sánchez – la douceur de vivre… El libro reciente de Jorge Galindo, Tres millones de viviendas, aborda un asunto distinto pero tangente. Y Kiko Llaneras sigue siendo el mismo francotirador que cuando, hace casi 15 años, alumbró uno de los gráficos definitivos de este período: el impacto de la crisis de 2008 por grupos de edad.
Un ciclo de estallidos políticos
Pero quizás la voz con más potencia de fuego en España es Jesús Fernández Villaverde; que, en su última conferencia navideña, va para un año, expuso de la forma nítida y brutal que es su marca la crisis demográfica y la fallida respuesta que representa la inmigración masiva e indiscriminada. Jesús introduce una variable que multiplica las dimensiones del problema: la crisis no es, pese al tópico, europea ni occidental, sino global. Las tasas de fecundidad caen en casi todo el mundo, con excepciones que atañen ante todo a África. Por tanto, y aunque los distintos ritmos y el fenómeno migratorio permitan hablar de sustituciones o reemplazos locales, en el análisis general lo que nos encontramos es un planeta que envejece y que se enfrenta, en el plazo de décadas, al descenso de población. Los efectos de este envejecimiento global no tiene mucho que ver con las fantasías del Club de Roma; salvo que una singularidad tecnológica -la IA, la fusión nuclear- nos permitan reproducir sociedades como la descrita por Asimov en El sol desnudo. Lo que podemos anticipar más bien es un mundo con menos innovación, menos crecimiento, menos inversión productiva y menos interacción social. Y más soledad, más migraciones traumáticas y una presión insostenible -que ya vivimos en el presente- sobre los sistemas de bienestar. Empezando por las pensiones; que, en España singularmente, pero en toda Europa, anuncian un ciclo de estallidos políticos. Miren a Francia o a Alemania y pongan todas las barbas disponibles a remojar.


