¿Susto o muerte? Las opciones del gobierno que viene para no bajar las pensiones

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El déficit sigue subiendo. Aunque los ingresos del sistema se han elevado el último año, en parte por el incremento del salario mínimo, el gasto en pensiones lo hace a un ritmo todavía mayor

Los partidos políticos pasaron muy de puntillas sobre el problemón de las pensiones en la última campaña electoral. A lo más que se atrevieron fue a hacer promesas populares, como garantizar las pensiones por ley o, al menos, asegurar que en 2020 se revalorizarán en consonancia con el IPC.

Pero casi ninguna idea detallada sobre cómo financiar a largo plazo el déficit de la Seguridad Social ni cómo afrontar desde este punto de vista el tsunami demográfico que se nos viene encima. Como mucho, referencias vagas a recuperar el Pacto de Toledo, que precisamente lleva roto ya cerca de 9 meses por falta de voluntad de acuerdos transversales. Otro bloqueo más, el enésimo, en nuestra clase política.

Tal ha sido el grado de pasotismo con el futuro del sistema de pensiones, que varios partidos han incluido entre sus propuestas informar ya al ciudadano de la estimación de salario público que les correspondería al jubilarse, cuando es algo que ya está aprobado en la legislación y que los distintos gobiernos han venido incumpliendo de modo reiterado.

Mientras tanto, el déficit sigue subiendo. Aunque los ingresos del sistema se han elevado el último año, en parte por el incremento del salario mínimo, el gasto en pensiones lo hace a un ritmo todavía mayor. La brecha no se cierra, sino que se sigue abriendo… Y, para colmo, la ralentización económica asoma por la ventana, amenazando con nuevos y negros nubarrones.

¿Pero qué puede hacer el nuevo gobierno tras la investidura, si es que llega, para evitar bajar las pensiones?

Más impuestos

La tentación más evidente. Y, de hecho, ya anunciada. Si el IRPF aún no ha subido, se debe a la falta de acuerdo para aprobar el último Proyecto de Presupuestos Generales del Estado, presentado por el PSOE a principios de este 2019, y cuyo fracaso marcó el inicio del camino hacia unas nuevas elecciones.

Los asesores temen además que el nuevo gobierno de izquierdas penalice la fiscalidad de los productos de inversión, como los fondos de inversión o los planes, para aumentar los recursos del sistema.

Otra cosa es cuánto desincentivarían estos incrementos el ahorro privado a largo plazo, tan necesario para quitar presión al sistema. Y cómo afectaría al consumo y al crecimiento económico este aumento de la presión fiscal.

Trabajar más años

Si vivimos cada vez más años y con un mejor estado de forma, tiene sentido que cada vez trabajemos hasta más tarde. En España estamos ahora mismo en pleno proceso de retraso de la edad de jubilación desde los 65 hasta los 67 años. Y muchos países de nuestro entorno están optando por esta vía para aliviar el sistema, por lo que la tendencia al alza en la edad de jubilación parece imparable.

Esta medida tiene un doble impacto positivo para las cuentas públicas: por un lado, cada mes extra que se retrasa el retiro supone un mes menos que tiene que pagar la Seguridad Social de pensión; por otro, cada uno de esos meses también supone una mensualidad más de pago de cotizaciones sociales.

Pensiones más bajas

Este argumento suena a tomadura de pelo, pero es evidente su ‘bondad’ para que los gobiernos puedan cumplir sus promesas. Si los nuevos jubilados cobran menos, será más fácil que cada año puedan tener incrementos anuales de la pensión de acuerdo con la inflación.

Aquí los expertos recuerdan que en España contamos con uno de los sistemas de pensiones más generosos del mundo. La tasa de sustitución del sistema público ronda en nuestro país el 80%, casi el doble que la media de la OCDE, según los últimos datos de esta organización.

Es decir, si ahora mismo cobramos 2.000 euros antes de jubilarnos, con nuestra primera nómina pública aproximádamente obtendríamos de media 1.600 euros, mientras que si la tasa de sustitución convergiera a la media de la OCDE esa retribución apenas llegaría a los 800 euros. En esa línea inciden medidas, ahora aplazadas, como la aplicación del llamado factor de equidad intergeneracional o aumentar el número de años de vida laboral que se tienen en cuenta para el cálculo de la pensión.

Natalidad… ¿Es ya tarde?

El problema con la natalidad es que empezamos a llegar tarde… Los niños que nacen ahora no aportarán cotizaciones al sistema hasta al menos 2040, y eso suponiendo que sean laboralmente prematuros y empiecen a trabajar nada más salir de la universidad o incluso antes. La deriva a la baja en natalidad ya va a tener consecuencias muy negativas desde el punto de vista de la Seguridad Social. Aunque se solucionase desde ya mismo con una mejora vertiginosa de las tasas de fertilidad, no sería suficiente para equilibrar a tiempo la pirámide poblacional, ya que en estos próximos 20 años es cuando realmente se dispara el número de personas que alcanza la edad de jubilación.

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De hecho, este puede ser un buen aviso de la importancia de tomar decisiones cuanto antes, con la mayor premura posible, si queremos preservar la sostenibilidad del sistema. Igual que ha sucedido ya con la natalidad, como nuestros políticos sigan dejando pasar el tiempo sin arreglar el problema… Dentro de poco será ya demasiado tarde.

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