UNA NUEVA COMPATIBILIDAD ENTRE TRABAJO Y PENSIÓN DE JUBILACIÓN

Fedea ha presentado un informe sobre Envejecimiento y reforma del sistema de jubilación”, en el que aseguran que la respuesta al reto del envejecimiento consiste en utilizar parte de las ganancias de longevidad (con buena salud) experimentadas en las últimas décadas. Para ello proponen ampliar las opciones para las personas con más edad, ofreciendo más alternativas que tengan en cuenta el empleo, las ganas de seguir trabajando, el estado físico del trabajador, etc..

 

España tiene una legislación laboral pensada como si los trabajadores mayores molestasen. Hay una percepción, en el origen de la legislación, según la cual una persona mayor molesta al llegar a una determinada edad y tiene que dejar su espacio a los jóvenes. Esto parte de una falacia económica: la falacia del número total de horas trabajadas definidas [la idea de que existe un número de horas fijas que hay que repartir entre los trabajadores]. Esta falacia se ha usado en el pasado (por ejemplo, con la incorporación de las mujeres al mercado laboral) y se sigue usando ahora (con la llegada de inmigrantes que nos roban el trabajo), pero no es cierta.

 

Estamos desaprovechando una fuerza laboral más educada y con buenas condiciones de salud, que puede que quiera seguir trabajando si las condiciones son las adecuadas

 

El fundamento detrás de la incompatibilidad de la jubilación con el trabajo retribuido se encuentra en las legislaciones de Seguridad Social desarrolladas a lo largo del siglo XX. Durante este periodo, el dividendo demográfico ha sido generalmente positivo y de una magnitud importante, lo que permitía mantener unas tasas de sustitución elevadas sin un gran estrés fiscal. Además, se pensaba erróneamente que alcanzar una cierta edad suponía la imposibilidad física o psíquica de trabajar y que la retirada de los trabajadores mayores ayudaba a mejorar las condiciones laborales de los jóvenes.

 

Compatibilidad trabajo y pensión actualmente existentes

 

Las pocas excepciones a la Regla de Incompatibilidad tienen grandes desincentivos. Son cuatro las excepciones: la jubilación activa, la jubilación parcial/flexible (antes/después de la edad ordinaria de jubilación) y la jubilación compatible con trabajo autónomo. Estas excepciones son muy rígidas en cuanto al porcentaje de jornada que se puede seguir trabajando tras la jubilación y, sobre todo, su diseño genera claros desincentivos a la compatibilidad. Los desincentivos más importantes son los siguientes.

 

En la modalidad activa, además de las restricciones a la contratación que se impone a la empresa, hay que tener una carrera contributiva completa y dejar pasar un año desde la edad de jubilación ordinaria para poder compatibilizar la pensión con el salario.

 

En el caso de la jubilación parcial se exige cotizar como si fuera un contrato a tiempo completo y se obliga a la empresa a firmar un contrato de relevo con un nuevo trabajador.

 

La jubilación flexible, por su parte, mantiene severas restricciones de jornada y el correspondiente recorte de la pensión.

 

Finalmente, existe la posibilidad de percibir la pensión de jubilación y llevar a cabo un trabajo por cuenta propia pero los ingresos salariales no pueden superar el Salario Mínimo Interprofesional.

 

En consecuencia, ni la jubilación parcial, ni la jubilación activa, ni el trabajo retribuido por cuenta propia, ni la jubilación flexible, permiten compatibilizar de una forma completa y general el cobro de la pensión con el trabajo retribuido, ni facilitan la transición gradual desde el trabajo hasta la jubilación, ni las entradas o salidas del mercado laboral desde la posición de pensionista. Son excepciones que, más bien, y los datos lo demuestran, confirman la regla general de la incompatibilidad de rentas y la persistencia de una concepción anticuada e innecesariamente rígida de la jubilación como la retirada inmediata y definitiva del mercado de trabajo sin ningún tipo de transición gradual

 

Algunas Propuestas

El efecto sobre el empleo y el PIB de un aumento de la participación laboral de los trabajadores mayores, aunque se incorpora tácitamente, se minimiza con demasiada facilidad en la evaluación de las reformas del sistema de pensiones que afectan a las decisiones de trabajo y ocio de los trabajadores en edad avanzada. Como regla general, la mejora del engarce entre el mercado de trabajo y el sistema de pensiones se consigue facilitando una transición entre ambos que sea suave, reversible y adaptada a las circunstancias personales.

 

La única vía para afrontar el fuerte proceso del envejecimiento de la población en España es facilitar que los trabajadores que así lo deseen puedan ser productivos más allá de la edad legal de jubilación. Para ello, proponemos darle la vuelta como a un calcetín a la legislación laboral y de pensiones con el objetivo de dejar de desaprovechar todo el talento senior que desee seguir trabajando.

 

Un principio general: una jubilación flexible y compatible con el salario. El sistema de jubilación actual, donde el trabajador pasa de trabajar 40 horas a la semana a trabajar 0 horas, carece de lógica.

 

Las principales propuestas son las siguientes:

 

A) La salida del mercado de trabajo hacia la jubilación debería tener tres características:

 

  • el proceso no debe ser homogéneo para todos los trabajadores y debe tener en cuenta cómo de dura o exigente físicamente es la profesión y el estado de salud del trabajador;

 

  • el proceso deber ser flexible, en el sentido de que los trabajadores no pasarán necesariamente de trabajar a jubilarse en una sola noche, sino que ha de ser posible optar por una reducción gradual de la jornada laboral, a través de una reformulación de la jubilación parcial, haciéndola accesible a todos los trabajadores (Belles et al, 2022), hasta la jubilación total; y

 

  • una vez alcanzada la edad normal de jubilación, el sistema debe permitir, si así lo desea el trabajador, la plena compatibilidad entre la percepción de la pensión y el salario.

 

B) Unificar todas las modalidades de jubilación en una sola desde la primera edad posible de jubilación anticipada (61 o 63). El nuevo sistema de jubilación activa debería incorporar los siguientes elementos:

 

  • Pensión compatible con el trabajo en todas las edades.

 

  • Sin penalización sobre el montante de la pensión después de la edad normal de jubilación, y con penalización dependiente del nivel salarial, salud o penosidad del empleo, antes de la edad normal de jubilación

 

  • Al objeto de evitar cualquier forma de discriminación, la nueva jubilación activa no debería excluir a ningún trabajador, siempre que cuente con un mínimo de años cotizados y con el derecho a alguna forma de jubilación;

 

  • Eliminación de la obligación de pasar un año por la jubilación demorada (o la inactividad) para acceder a la jubilación activa a todas las edades;

 

  • Posibilidad de seguir en el mismo trabajo a tiempo parcial con cualquier porcentaje de jornada.

 

  • En términos de cotizaciones, tanto para la jubilación activa como para la demorada, la regla actual establece que, una vez completada la carrera contributiva (en términos de edad y cotizaciones requeridas), el trabajo posterior deja de cotizar o a lo sumo, en el caso de la jubilación activa, cotiza a una tasa reducida (cuota de solidaridad). Si bien se podría optar por conservar la configuración actual, nuestra percepción es que si se opta por flexibilizar plenamente el acceso al trabajo después de empezar a cobrar la pensión lo más justo con el conjunto de trabajadores (pensionistas o no), que compiten por el mismo conjunto de trabajos, es que la cotización se haga a la misma tasa para todos. Esto es, los trabajadores continuarían cotizando por la escala general (como en EEUU) y su pensión se recalcularía una vez finalizada la demora o el período de compatibilización entre pensión y salario, premiando el tiempo y/o las cotizaciones adicionales aportadas al sistema durante el periodo de extensión de la carrera laboral siempre que esto no reduzca la cuantía de la prestación.

 

Crear un nuevo contrato laboral de plena compatibilidad con la pensión.

El objetivo es que el jubilado activo pueda seguir trabajando, a tiempo completo o parcial, en la misma o distinta empresa, por cuenta ajena o propia, sin topes máximos de retribución. La pensión sería plenamente compatible con cualquier salario o renta. Con este nuevo contrato compatible con la pensión, el jubilado podría realizar cualquier trabajo retribuido por cuenta propia o estar dado de alta en el régimen especial de autónomos sin topes retributivos. Puesto que este contrato se aplicaría a gente que tiene ya la seguridad de su pensión pública, debería tener un régimen extintivo especial, sin costes indemnizatorios para la empresa contratante. Se podría establecer un periodo de tiempo mínimo de preaviso al trabajador y a la empresa, para romper libremente la relación contractual en caso de desistimiento de cualquiera de las partes.

 

ENLACE AL ESTUDIO

https://documentos.fedea.net/pubs/ap/2024/ap2024-07.pdf

 

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