Esta forma de financiación de las pensiones mediante crecientes transferencias del Estado es legítima, si bien contradictoria con un sistema contributivo que genera las prestaciones a partir del pago de cuotas sociales por sus beneficiarios, pero es bastante opaca para la mayoría de la población, y puede confundir a la hora de valorar la situación del sistema cuando lee y escucha que el déficit de la Seguridad Social es relativamente reducido (“solo” 0,5% de PIB).

El Gobierno se enfrenta a la ardua tarea de elaborar los Presupuestos Generales del Estado para 2024 en unas condiciones más exigentes marcadas por el cumplimiento de las nuevas reglas fiscales europeas, que le obliga a reducir el actual déficit en un punto del PIB (hasta el 3%). Es cierto que tiene un cierto margen si decaen todas las ayudas dirigidas a paliar el efecto de la subida de la inflación (no están de acuerdo todos los socios de gobierno), pero aun así, el mayor gasto en pensiones (en torno a 11.500 millones de euros hasta superar los 200.000 millones de euros; 13,5% del PIB) va a monopolizar el poco espacio disponible en el capítulo gasto. Para darse cuenta del protagonismo de las pensiones basta comparar ese mayor gasto previsto para 2024 (añadido a 18.500 millones de euros en 2023) con los 500 millones de euros prometidos por el presidente de Gobierno para reforzar el conocimiento en matemáticas y comprensión lectora, una cuestión central a solucionar para mejorar la productividad de la economía española y la igualdad de oportunidades de las personas.

Disponer de una pensión suficiente cuando has finalizado la vida profesional es un objetivo loable y deseable, pero también lo es conocer las obligaciones necesarias para su sostenimiento, de forma que se pueda evaluar el coste de oportunidad del uso de los recursos públicos en otros apartados alternativos para el bienestar común. La necesidad de la sociedad de disponer de información detallada sobre los temas complejos es más necesaria que nunca con el propósito de reducir sesgos populistas, más si cabe cuando el interés electoral por contentar a un grupo cada vez más amplio como son los pensionistas, crece día a día.