Pensiones y etapas profesionales

Asistimos a un intenso debate sobre pensiones y la sostenibilidad del sistema. La demografía aporta algunas claves interesantes, pero tampoco conviene analizarla solamente bajo los viejos paradigmas. El aumento de la esperanza de vida obliga a reestructurar el esquema de etapas vitales y esto no tiene por qué ir en detrimento de una generación en concreto.

Vivir más años es una expresión clara de progreso. Una vida más longeva, junto a la disminución de la natalidad, produce unos cambios demográficos ciertos y previsibles que se acentuarán a lo largo de las próximas décadas. La reflexión y el debate en los medios de comunicación sobre los cambios en la demografía suelen centrarse en algunas de sus consecuencias, casi siempre sobre la viabilidad financiera de los sistemas públicos de pensiones.

Los niños que nacen hoy tienen una probabilidad superior al 50 % de superar los 100 años de vida. Esta realidad tendrá impacto en las empresas y en las profesiones. La actual trayectoria vital o profesional está dividida en tres etapas: educación, vida activa y jubilación relativamente temprana, lo cual entra en contradicción con una esperanza de vida que tiende a 100 años. La sociedad no puede permitirse que personas que se acercarán cada vez más a los 100 años de vida dejen de aportar conocimientos, trabajo y emprendimiento casi 40 años antes. No es solamente un problema de viabilidad financiera, se trata de racionalidad económica, así como del mantenimiento de unos niveles de actividad creativa y cognitiva que redunden en el bien común.

Como contraposición a las tres etapas ya citadas, educación-vida activa-jubilación temprana, deberá plantearse un recorrido profesional de múltiples etapas, que pueden incluso comportar cambios de profesión a lo largo de la vida. Las empresas y organizaciones deben incorporar la edad de las personas como factor relevante de su actividad e incluirla en la definición de políticas de igualdad. En una empresa conviven varias generaciones y la incorporación de la variable edad debe tenerse en cuenta entre los vectores que forman el talento disponible. Ello implica cambiar radicalmente una cultura que presiona a las personas de más de 55-60 años a que abandonen la vida laboral. De la misma forma que no es aceptable discriminar por raza, religión, orientación sexual u otras características, tampoco debe hacerse por la edad. Es una discriminación sutil, pero muy arraigada.

La formación a lo largo de la vida deja de ser una opción, para convertirse en algo necesario. El sistema educativo deberá ofrecer alternativas para las diferentes etapas, no solamente las tradicionales.

Una vida laboral más larga quiere decir que quienes accedan a responsabilidades directivas deberán liderar también a personas de una o dos generaciones anteriores. También debe abandonarse la visión del mercado laboral como algo acotado, como un juego de suma cero en el que, si se prolonga la vida laboral, no queda espacio en el sistema para los jóvenes. Al contrario, cuantas más personas trabajen más economía productiva se genera, en términos macro. Existen evidencias empíricas referidas a Europa que lo prueban.

Las tecnologías y la futura aplicación de la Inteligencia Artificial, lejos de ser una barrera, son un factor positivo, al reducir trabajos rutinarios. Su implantación permitirá una mejor relación entre generaciones, tal como puso de manifiesto el informe Goldenworkers, promovido por la Unión Europea ya en el año 2012.

Debe favorecerse el emprendimiento a todas las edades, sin discriminación fiscal. El porcentaje de emprendedores de más de 50 años crece en las economías avanzadas, por las circunstancias del mercado y por las mejoras en los niveles de salud, lo que permite mantener una actividad hasta edades superiores a las tradicionales.

Mediante dichos cambios y otros relacionados es evidente que un número creciente de personas se mantendrá activa durante más años, aportando valor, contribuyendo con sus cotizaciones y propiciando una sociedad mejor, más avanzada e inclusiva, favoreciendo la viabilidad de los sistemas de pensiones, en un marco sostenible.

Deja tu comentario

avatar
  Suscribirme  
Notificarme de