Nuestras pensiones vistas desde «la aldea» (¿sólo un cuento?)

Basado en el artículo de Jorge Molina publicado en noticiasdealmeria.com el 26/06/2019

Nuestro viejo marino amaneció fumando en pipa, es más le salía humo por la cabeza:

—Estoy enfadado con lo de LAS PENSIONES. Todo es propaganda y subterfugios, y aunque se empeñen en lo contrario, tenemos un problema y no sirve mirar para otro lado, o que los progresistas salvadores de la patria sostengan que se pueden seguir subiendo indiscriminadamente. Tenemos unas pensiones bajas y un sistema al que le pueden reventar las costuras sino no se toman medidas que corrijan el problema. Soy un viejo marino, que coticé más de cuarenta años y tengo derecho a sentirme seguro, pero me preocupa más el futuro de las pensiones en personas tan jóvenes como tú, mi querida profesora.

Nuestra amiga comentó:

—La preocupación por el tema de las pensiones es recurrente. Haciendo historia, la instauración del pago por jubilación lo crea Bismarck en 1889, que adoptó el primer programa de seguro social, con la jubilación a los 70 años, que posteriormente se rebajó a los 65 años. Aunque en aquellos momentos la esperanza de vida estaba alrededor de los 45 años. En España, se implanta en 1919, con una edad de retiro a los 65 años y una pensión de una peseta diaria. Claro que aquellos escenarios eran muy diferentes a los que vivimos en la actualidad, con una incorporación al mundo laboral cada vez más tarde y con unas expectativas de vida muy superiores. Por lo que la aritmética es muy diferente.

—Aunque consideramos que nuestras pensiones son bajas —siguió la joven profesora—, la OCDE nos ha criticado nuestra tasa de reemplazo que es superior a la media de los países desarrollados. Actualmente se estima en un 82% del último salario, mientras que en esos países está en torno al 63%. Tenemos un conflicto, que lejos de solucionarlo lo estamos agravando.

-Tenemos un escenario preocupante, y lo único que estamos haciendo, de forma callada y tramposa, es cambiar nuestro sistema de pensiones. Estamos transformando nuestro régimen contributivo a uno simplemente asistencial. Esto es grave porque mientras que se aumentan las bases de cotización, se están congelando las pensiones para los trabajadores de cotizaciones más altas; una situación injusta. Esta es una reforma silenciosa y farsante de la que no se habla y que tendrá consecuencias en el futuro sobre determinadas capas de la población que dejaran de tener una pensión proporcional a sus contribuciones. Esta trampa se agrava al tener un sistema que, para mayor escarnio, no solo no estimula el ahorro personal, sino que lo desmotiva fiscalmente.

– En la actualidad el gasto de las pensiones supera el 41% de los presupuestos del estado. Como anécdota, hemos pasado de alrededor de los 7.300 millones en 2012 a los 9.644 millones en junio de 2019, lo que representa un incremento del más del 32 %. Esta es una progresión geométrica, difícil de barajar y que puede llegar a hacer quebrar al estado como no se busquen fórmulas de financiación.

Nuestra amiga aportó algunos datos más:

—Las estimaciones de diferentes organismos mundiales nos predicen que en los próximos 35 años se triplicará el número de personas en el mundo con más de 60 años. Estas magnitudes nos deben hacer pensar que este es uno de los retos más importantes que tenemos y que, posiblemente, sea uno de los problemas más trascendente que nos vamos a encontrar en los próximos años. Por ello no se entiende la lasitud y poca importancia que se le está concediendo al asunto por parte de los políticos.

—En el índice que elabora la OCDE sobre la esperanza de vida —siguió informando nuestra amiga—, se estima que la población mayor de 65 años está en casi 30 personas de cada 100, en la actualidad, si bien para el año 2050 se podría estimar en unos 69 para nuestro país. Esta ratio hace insostenible el sistema actual, que estará en quiebra, máxime teniendo en cuenta que nos convertiríamos en el segundo país más envejecido del mundo, porque no debemos olvidar que somos uno de los países con más expectativas de vida.

Nuestro marino, siempre histriónico, espetó:

—Tengo la respuesta del poco interés de los políticos: parece que sólo les importan los votos “fáciles” de los cada vez más numerosos mayores (“pan para hoy y hambre para mañana”) y en medio de tantas noticias insulsas sobre investiduras, a los políticos les interesa bastante poco los problemas reales de los ciudadanos, de los que les votan y de los que no.

Claro que, aquí en la aldea, solo tenemos el mar y posiblemente un descomunal desconocimiento de todo.

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