Los españoles son los europeos que más se quedan en paro

El 3,1% de los trabajadores en España perdió su empleo en el último trimestre, la tasa más alta de la UE y el triple de la media comunitaria

La reforma laboral ha mostrado una notable resiliencia en el mercado de trabajo español, aunque la mejora de las cifras no le han valido para salir del vagón de cola de la Unión Europea en la mayoría de los índices: tiene el porcentaje más elevado de desempleo (11,8%); el paro juvenil de España se situó en el 28,36% –a años luz de los 16,9% que llegó a tener en 2006, el mejor dato histórico–, los contratos indefinidos a tiempo completo siguen por debajo de los temporales y la tasa de los empleados que pierden su empleo es la más alta elevada de los 27, con un 3,1%.

Aunque el paro bajó en 7.452 personas en febrero y situó el número de desempleados en la frontera de los 2,8 millones, su reducción en el segundo mes del año apenas fue de un -0,27% en relación con el mes de enero, y todavía duplica la media europea con ese 11,8%. Y tampoco llegan buenas noticias sobre rotación laboral, ya que las cifras de este apartado marcan una situación diferencial con el resto de Europa.

Comparativa

Así, España tiene la mayor tasa de trabajadores en activo con empleo estable que pasan a desempleados, con un 3,1% –según datos de Eurostat del cuarto trimestre de 2023, los últimos contabilizados–, casi el triple de la media de la Unión Europea, que está en el 1,3%, y a años luz del segundo en el ranking, Lituania, que tiene un 2,4%, y más de un punto de diferencia con países de nuestro entorno como Francia (2,1%), Portugal (1,8%) o Grecia (1,8%).

Sin embargo, en el porcentaje de desempleados que encuentran un trabajo, España se sitúa en la zona media de la tabla, con un 27%–en el puesto 16–, mientras que países como Dinamarca, Islandia o Países Bajos está por encima del 40%. De este modo, los datos aportados por Eurostat sobre recién empleados y recién desempleados, con datos de cierre de 2023, muestran que en España hay una gran falta de proporcionalidad respecto al resto de Europa. ¿Por qué? Porque España tiene la mayor tasa de ocupados que comienzan un trabajo nuevo, pero el porcentaje de trabajadores que pierden un empleo reciente es prácticamente el mismo, cuando en el resto de países europeos se reduce a la mitad.

Asimismo, la temporalidad, que continúa marcando el mercado laboral español –pese a haber disminuido este tipo de contratación los contratos indefinidos cada vez duran menos–, no se postula como un factor determinante en la salida o entrada de trabajadores en un empleo. Por ejemplo, en países como Países Bajos, Grecia o Francia el peso de la contratación eventual es superior a la española, pero su tasa de inicios laborales es el doble o el triple de los que pierden su empleo, por lo que logran crecer en empleo y reducir su paro. Estos datos no especifican el tipo de contrato que se firma ni por qué perdieron su empleo, ya que para Eurostat un despido o el fin de un contrato temporal se considera desempleado o inactivo, al igual que si se produce un pase a la inactividad de un fijo discontinuo, situación que no tiene en cuenta el SEPE, que este último no lo contabiliza como parado.

Pero lo que queda claro es que los datos estadísticos marcan que en España la tasa de paro sigue siendo la más alta de la UE y lleva años con una reducción mínima, ya que casi van al paro los mismos trabajadores que obtienen un contrato nuevo. Sin embargo, en los mercados laborales más dinámicos del resto de Europa el número de parados de larga duración es menor, aunque la causa de su vuelta a la actividad sea un contrato temporal. En España eso no ocurre, al mandar prácticamente tantos trabajadores al paro como los que se contratan de nuevo.

Desempleo en Europa

Por ello, más allá de la reducción de la tasa de temporalidad, los tres objetivos marcados por la reforma laboral de 2022 continúan frenando el paso: la caída de los flujos de rotación laboral «se ha detenido en el corto plazo»; el menor impacto de las «recesiones en el empleo a medio plazo se han diluido» –referidas al descenso de las tasas de altas y bajas de la afiliación que se produjeron en los primeros meses de aplicación de la reforma laboral «están en niveles similares a 2014»–; y el aumento de la productividad que el Gobierno se marcaba a largo plazo ha decaído, al haberse reducido por ocupado y seguir por debajo de niveles de 2019. Así lo han constatado los analistas de Fedea y BBVA Research en sus últimos observatorios trimestrales del mercado laboral, en los que han alertado de la «evidente» pérdida de impulso en la creación de empleo, «lastrada por la ralentización de la actividad económica», y en la que «las horas trabajadas avanzan por debajo del número de ocupados». Pese a que reconocen la mejora «evidente», confirman también que se está llegando a una «estabilización» del mercado laboral, cuya afiliación crecerá este año «a menor ritmo», lo que pone freno de golpe al «efecto reforma laboral».

Y los datos dejan en evidencia las supuestas bondades de esta reforma. Uno de cada cinco contratos (20,7%) que se firmaron en el mes (235.439 contratos) duraron menos de una semana; 54.850 contratos (el 4,8% del total) duraron entre 7 y 15 días; se firmaron 58.906 contratos con una duración de entre 15 días y un mes, el 5,1% del total; y 95.475 fueron entre un mes y tres meses, el 8,4%. Por tanto, casi el 31% de todos los contratos firmados presentaron una duración inferior a un mes, y casi el 40%, de menos de tres meses. De este modo, apuntan que «se ha replicado casi exactamente la situación anterior en términos de temporalidad, estabilidad laboral y precariedad para los trabajadores, sin diferencias estadísticamente grandes entre ellos»

Fuente: La Razon Los españoles son los europeos que más se quedan en paro (larazon.es)

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