Los autónomos ‘fantasma’ caen por primera vez en una década, pero aún superan los 200.000

El 76% corresponde a 153.000 ‘falsos autónomos’ detectados por el INE

La brecha entre los datos de la EPA y la Seguridad Social se disparó con la ‘tarifa plana’

Trabajo ha regularizado 46.000 falsos autónomos en 2023 

¿Cuántos falsos autónomos hay en España? Como en todas las formas de economía sumergida, no hay cifras oficiales, aunque sí numerosas estimaciones. Una de las principales referencias utilizadas, la comparación entre los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) y las de Seguridad Social, arroja una brecha en 2023 de 201.577 afiliados que no aparecen en las estadísticas del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) como ocupados por cuenta propia. Aunque los datos de 2023 revelan también un descenso del 8,7% en esta cifra, la primera reducción anual registrada en una década.

 

Esta diferencia pone el foco en aquellos trabajadores que están dados de alta en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA) de la Seguridad Social, pero el trabajo que realizan es idéntico al de un empleado por cuenta ajena y por tanto debería cotizar en el Régimen General (con mayor coste, eso sí, para la empresa). Asalariados se consideran ellos mismos cuando les preguntan los encuestadores de la EPA. Pero al tratase de un fraude laboral, estimar el número de autónomos ‘fantasma’ sigue siendo complejo.

Por un lado, los datos de ocupados de la EPA y los de afiliación se elaboran con una metodología distinta y ambos registran una amplia volatilidad estacional. Por ello es más clarificador cotejarlos con una media móvil de cuatro trimestres como hacemos en este artículo. Además, los datos de afiliación recogen el efecto ‘pluriempleo’. Es decir, cuentan un número de altas de afiliación mayor al de trabajadores. La mayoría de los afiliados en pluriactividad son asalariados en su segundo empleo, pero los hay que lo hacen cotizando como autónomos aunque trabajen para un empleador encubierto.

El INE tiene su propia forma de ‘filtrar’ estos casos en el mismo momento de elaborar la EPA. Así, en el cuarto trimestre de 2023 detectó a 153.000 personas que, pese a declararse como autónomos, admitían trabajar para un “empleador”. Acabó recogiéndolos como asalariados en la encuesta finalmente publicada, según los datos a los que ha tenido acceso elEconomista.es. Esto supone que el 76% de la brecha entre los datos de ocupación y de afiliación a final de año corresponde directamente a falsos autónomos.

El papel de la tarifa plana

La evolución histórica de esta brecha responde a la de la economía española y el mercado laboral en los últimos años. Así, en los primeros años de la crisis financiera, hasta 2012, se produjo la paradoja de que la EPA registraba más autónomos que los datos de afiliación. La causa estaba en que el golpe de la Gran Recesión fue tan intenso que muchos autónomos se daban de baja en Seguridad Social para ahorrarse las cotizaciones, aunque reconocían seguir trabajando (o intentándolo) ante la EPA. Esta era una de las formas más preocupantes de una economía sumergida que en nuestro país, según las estimaciones del Parlamento Europeo, rondaba por entonces el 19,2%, casi cuatro puntos porcentuales más que hoy.

Pero en 2013 todo cambia radicalmente. Por un lado, la crisis toca fondo y empieza una tímida recuperación que se acelera en los ejercicios siguientes. Pero sobre todo se aprecian los efectos de la creación de la tarifa plana de 50 euros. Aprobada inicialmente en 2012 para los menores de 30 años que se dieran de alta por primera vez como autónomos, con una duración de 12 meses (prorrogables por otros 12), al año siguiente se amplió sin límites de edad. Fue entonces cuando la brecha se disparó.

¿Un agujero de falsos autónomos?

La razón que dan para este ‘boom’ algunos analistas y organizaciones de autónomos como UPTA y Uatae (no así ATA, que defendió llevar este incentivo a todos los profesionales por cuenta propia) es que muchas empresas aprovecharon la medida para ahorrarse costes laborales y ‘contratar sin contrato’ a trabajadores, obligándoles a darse de alta en el RETA y no en el Régimen General.

Es una trampa que juega con la ambigüedad que suponen los Trabajadores Autónomos Económicamente Dependientes (TRADE), una figura perfectamente legal (si bien muy minoritaria en la práctica) en la que el profesional también tiene un único cliente, pero en condicientes muy diferentes a los ‘falsos autónomos’.

Estos sufren las mismas desventajas de un autónomo (menor protección social en caso de incapacidad temporal, despido y jubilación, ya que la mayoría optaban por cotizar por la base mínima) pero ninguna de sus ventajas, ya que no tiene verdadera libertad como emprendedores: están atados a un empleador que decide sus condiciones y tiempo de trabajo, y no crean un negocio real. Estos falsos autónomos son también un problema para la Seguridad Social y Hacienda, ya que las empresas no abonan la parte que les correspondería realmente por estos trabajadores.

La tarifa plana se ha ido endureciendo en los últimos años, hasta la última reforma del RETA que la eleva a 80 euros y supedita la prórroga a tener unos ingresos inferiores al SMI. Aunque muchas comunidades autónomas subvencionan el mantenimiento de las condiciones previas a los cambios que entraron en vigor en 2023.

Pero al margen de los posibles falsos autónomos, la tarifa plana también distorsionaría las estadísticas de afiliación por otra vía. Y es que muchos autónomos que habían visto fracasar su negocio eligen seguir cotizando en lugar de darse de baja y perder el incentivo y, de paso, la generación derechos para su futura pensión, por reducidos que sean. Una situación en la que también estarían muchos afiliados al RETA que cotizan por la base mínima. Este es el caso inverso al que se registró en el inicio de la crisis financiera.

Trabajo detecta 46.000 falsos autónomos

En cualquier caso, la situación parce haber echado el freno en los últimos años, al menos si nos guiamos por la diferencia entre datos del INE y de la Seguridad Social. Parece que la recuperación económica, que alcanzó su punto álgido en 2018, propició la incorporación de los autónomos en los datos de la EPA. Sin embargo, la brecha no se redujo ni siquiera con el estallido de la pandemia. No muestra señales de repliegue hasta 2022 aunque hasta 2023 este descenso no se hace sustancial.

Hay tres causas posibles para este incipiente mejoría. La primera es la recuperación de la actividad tras la pandemia y la llegada de fondos europeos, que habría dinamizado la actividad emprendedora (aunque los autónomos crecen a un ritmo mucho menor que el de los asalariados). La segunda, son los controles de la Inspección de Trabajo contra los falsos autónomos. En 2023 se habrían aflorado 46.000 falsos autónomos, según cifras facilitadas por Trabajo a las organizaciones de autónomos.

La última, y quizá más relevante, serían los cambios en el RETA, que buscan que los autónomos coticen por ingresos reales, pero también eleva la cotización de los falsos autónomos. Sobre todo, aquellos que facturan por la tarifa palan, que notan un sustancial incremento de su cotización transcurridos los primeros doce meses.

Pese a ello, la brecha solo ha caído un 8,7% y se mantiene a cierre de 2023 como el segundo dato más alto de la serie histórica tras 2022. Un balance algo decepcionante ante la evolución del mercado laboral y la legislación impulsada en los últimos años y pese al mayor control del Gobierno para combatir este fraude.

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