LA JUBILACIÓN GRADUAL (POR FASES Y ESCALONADA).

Los séniors no quitan empleo a los júniors

La vida laboral es más corta que en otros países de la UE y la salida del mercado laboral se produce también antes.

 Detrás de nuestras cifras están el edadismo y las trabas a compatibilizar el empleo y la pensión

 

España envejece a marchas aceleradas por la llegada a la edad de jubilación de los baby boomers, la generación más numerosa y sin reemplazo en el mercado laboral. Esto provocará que el porcentaje de mayores de 65 años sobre la población de entre 20 y 64 sea cada vez mayor, pasando del 33,6% en 2023 al 58,8% en 2050, según estima el Ministerio de Seguridad Social.

 

Según el último informe de pensiones de la OCDE, la salida efectiva del mercado de trabajo se situó en 2022 en España en los 62,1 años para los hombres y en los 61,8 para las mujeres. Estas cifras son notablemente inferiores a la media de la OCDE (64,4 y 63,1, respectivamente) y también están por debajo de la UE. En cuanto a la duración de la vida laboral, en España se alcanzaron los 36 años en 2022, según Eurostat, por debajo de la media comunitaria y a mucha distancia de Países Bajos (43,2) y Suecia (42,6). En consecuencia, la tasa de empleo de los mayores en España es inferior a la media europea y su tasa de paro es mayor (justificación de la existencia del subsidio de mayores de 52 años).

 

 

En España han imperado la ideas errónea de que la retirada de los trabajadores mayores “ayudaba a mejorar las condiciones laborales de los jóvenes”. Estas tesis han llevado a que exista la discriminación laboral por edad (edadismo) y a unas reformas de pensiones que dificultaron la compatibilidad de la jubilación con el trabajo.

 

Es la conocida como la falacia de la cantidad fija de trabajo, teoría que consiste en que la cantidad de horas que se pueden trabajar es fija y la persistencia de un trabajador mayor impide la entrada de otro joven.

 

La reforma de pensiones de 1985, sobre la que se basa el sistema actual, introdujo varios programas específicos para favorecer la sustitución de trabajadores mayores por jóvenes, como la jubilación parcial con contrato de relevo. Pero en realidad, la sustitución de trabajadores de edad avanzada por júniors es imperfecta, dado que las ocupaciones y cualificaciones profesionales son distintas. Incluso recientemente (en 2018) se instauró una nueva modalidad de la jubilación anticipada con contrato de relevo para los trabajadores de la industria manufacturera

 

Sin embargo, desde 2010 se pretende revertir la tendencia ante las preocupantes previsiones de sostenibilidad del sistema de pensiones públicas. El Gobierno es consciente del problema y realizó una encuesta al respecto, cuyos resultados se incluyen en el informe de proyecciones de gasto en pensiones. Esta revela que más de dos tercios de los encuestados tendrían problemas para retrasar la jubilación en su empresa. La mayoría respondieron que podrían seguir con unos límites, pero un tercio aseguró que la decisión de seguir trabajando más allá de la edad legal de jubilación no es suya: “viene impuesta por su empleador”, señala el informe.

 

Más personas con jubilación anticipada que demorada

La estrategia seguida en la última reforma de las pensiones para revertir estas cifras y alargar la vida laboral de los trabajadores mayores ha sido endurecer la jubilación anticipada e incrementar los incentivos a la jubilación demorada. Desde Fedea recuerdan que restringir la jubilación anticipada no contribuye a reducir el gasto en pensiones y tiene “un efecto negativo sobre la satisfacción de los trabajadores y/o su mortalidad”. En cuanto a los incentivos a la demora, consideran que no son lo suficientemente generosos y que las fórmulas de jubilación combinadas con el trabajo tienen aún demasiadas trabas, aunque son estas últimas las que proponen fomentar.

 

A tenor de los datos, todavía queda mucho camino por recorrer para que las vías de prolongación voluntaria de la vida laboral sean mayoritarias y según los últimos datos de la Seguridad Social, las altas de jubilaciones demoradas se han casi duplicado en 2023 (8,1%) respecto a 2019 (4,8%), pero las jubilaciones anticipadas voluntarias siguen siendo el 19%. La jubilación parcial supuso otro 8% de las altas en 2023 volviendo a cifras de 2018 tras un descenso.

 

Para ello, muchos expertos proponen avanzar hacia un sistema de “jubilación por fases”, en el que no haya un proceso homogéneo para todos los trabajadores, sino que se tenga en cuenta la exigencia física, el estado de salud del trabajador y se den facilidades a quienes quieran y puedan seguir trabajando. Plantean que la edad de jubilación mínima sea de 63 años y establecer un nuevo contrato laboral plenamente compatible con la pensión y sin indemnización por despido

 

La jubilación “gradual” (por fases y escalonada)

Hay dos formas obvias de reformar las pensiones: subir las cotizaciones y bajar las pensiones,  o tratar de no hacer ni una ni otra cosa, retrasando la edad de jubilación.

 

Pero subir las cotizaciones daña el mercado laboral, que es algo que en un país con un 15% de desempleo no es bueno. Bajar las pensiones no parece tampoco una medida social adecuada

 

El retraso de la jubilación (voluntaria o involuntariamente) es algo inevitable, que no admite mucha discusión porque es un asunto matemático. Cuando se establecieron los parámetros del sistema de pensiones, en el año 78, los ciudadanos españoles se jubilaban con 65 años y su esperanza de vida era de 75 años. Cuarenta años después se están jubilando como muy tarde a los 67, pero como la esperanza de vida es de 85, no cuadran las cifras y no nos queda más remedio que aceptar que como vivimos más, tendremos que trabajar más tiempo, en la medida de las posibilidades de cada uno. Es la única solución factible

 

La reforma Escrivá no es suficiente, porque con una esperanza de vida de 85 no vamos a ser capaces de sostener el sistema y si no hacemos nada, en cinco años el sistema de pensiones estará ya asomándose al abismo, porque el baby boom, la primera oleada de generación de los nacidos en el 60 estarán jubilándose ya.

 

Los ciudadanos tienen que entender que su pensión la tienen que pagar otros pues estamos en un sistema de reparto intergeneracional y a medida que aumenta el número de ciudadanos con derecho a recibir pensión y no aumentan en la misma proporción los ciudadanos con capacidad de pagarla, el problema se acentúa y llega a ser irresoluble.

 

Actualmente en casi todos los países se aboga por un Sistema Mixto de Pensiones, que permita mantener un pilar público, siempre necesario, junto con otros pilares cuya financiación se basa en la responsabilidad individual de los ciudadanos. Con ello se persigue diversificar las fuentes de renta tras la jubilación, evitando la dependencia exclusiva de solo uno de los pilares existentes. Tenemos así tres pensiones: la pensión pública de la Seguridad Social financiada por el Estado a través de las cotizaciones a la Seguridad Social y de los impuestos, la pensión ocupacional, financiada a través, por ejemplo, de los Planes de Pensiones de Empleo (“de empresa”) -PPE- que se inauguraron en España a partir de 2023 con la reforma Escrivá, pero aún a falta de consolidarse y la pensión personal, financiada con los planes de pensiones privados individuales.

 

Frente a los modelos de sistemas mixtos habituales cabe plantear una alternativa en la que la pensión pública y la pensión ocupacional no se superpongan, sino que se sucedan en el tiempo (jubilación por fases). Este sistema poseería las siguientes características básicas:

 

  • el trabajador aporta durante su periodo de actividad laboral tanto cotizaciones a la Seguridad Social como aportaciones a unos PPE de adscripción cuasi obligatoria

 

  • el trabajador decide cuándo abandona (total o parcialmente) la actividad laboral dentro de un tramo amplio de edades y comienza a percibir la pensión temporal del sistema de empleo

 

  • posteriormente, a otra edad más elevada se inicia el pago de una pensión vitalicia de la Seguridad Social y justo en ese momento finaliza el pago de la pensión ocupacional temporal que procede de las aportaciones a los PPE.

 

  • el trabajador es libre de contratar, a título individual, cualesquiera otras pensiones temporales o vitalicias complementarias a esas dos pensiones a través de planes de pensiones individuales para obtener en un momento acordado la pensión personal que puede ser complementaria y recibirse superpuestamente tanto a la pensión ocupacional como a la pensión pública.

 

Los sistemas de pensiones necesitan nuevas reformas para adaptarse a la realidad demográfica y a la creciente esperanza de vida, y tendrán en común las siguientes características:

 

  • la edad ordinaria de jubilación no será homogénea para todos los trabajadores, pues se tendrá en cuenta como de exigente físicamente y/o mentalmente es la profesión y como afecta a la salud del trabajador.

 

  • será por fases, accediendo en la primera fase a la “pensión ocupacional” y posteriormente a la “pensión pública”

 

  • será gradual y escalonada, en el sentido de que los trabajadores no pasarán de trabajar a jubilarse de un día para otro, sino que habrá una reducción gradual de la jornada laboral hasta la jubilación total. El trabajador podía pasar de una actividad laboral de 40 horas semanales a 30 horas, después a 20, luego a 10 y así hasta su jubilación total. Se comenzará a recibir parte de la pensión pública en función de la parcialidad del trabajo como ya se hace en la actual jubilación parcial

 

  • la edad de jubilación, tanto en la fase 1 como en la fase 2, se podrá elegir libremente, dentro de unos límites, independientemente de la edad legal ordinaria (ELO) jubilación. Si se anticipa la jubilación a esa ELO se minorará la cuantía de la pensión (tanto la ocupacional como la pública en su caso) y si se demora se incrementará la cuantía de la pensión. En realidad. eso ya es de aplicación en los países que tienen implantadas las “cuentas nocionales” en su sistema de pensiones.

 

  1. un vez que se pase a ser pensionista por jubilación “total” se permitirá la plena compatibilidad entre la percepción de la pensión y el salario, desapareciendo, o adaptándose, las actuales jubilación activa y la jubilación flexible

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