EL PARO DEL SEPE NO BAJA A MÍNIMOS POR EL AUGE DE LOS DESPIDOS, AL QUE SE SUMA EL ‘LASTRE’ QUE SUPONEN LOS FIJOS DISCONTINUOS.

Las altas de prestaciones por despido suben un 27% en el último año

A pesar de ser el país europeo que más empleo ha creado desde la pandemia y con mayor intensidad ha reducido su temporalidad, sigue en los puestos de cabeza de la Unión Europea como en tasa de paro como en los indicadores de precariedad y volatilidad del empleo: los despidos, como antes el fin de los contratos temporales, son unos de los factores de peso en la evolución desigual del empleo.

 En 2023 se registraron 811.898 altas de prestación o subsidio de desempleo causadas por un despido, una cifra que supera en un 44% las anotadas en 2019, antes de la pandemia. De hecho, se trata de las cifras más altas desde 2011, cuando España estaba en el epicentro de la Gran Recesión.

Mientras los contratos indefinidos ganan más peso que nunca (aunque los temporales supone el 54% del total). Los datos parecen confirmar una precarización de esos empleos fijos creados tras la reforma laboral, algo que llevan más de un año advirtiendo multitud de expertos, desde servicios privados de estudios como Fedea a organismos públicos como el Banco de España.

Algo que también parece avalar el hecho de que se registraron 789.048 nuevas altas de prestación de fijos discontinuos, un 25,6% más que en 2022 y un 88,9% más que en 2019. Se ha acusado al Ejecutivo de recurrir a esta figura para ‘maquillar’ el paro, pero un análisis de las cifras apunta a que también distorsionan la creación de puestos de trabajo.

Desde la reforma laboral, la afiliación ha aumentado en 1,6 millones de personas, pero el paro registrado solo se ha reducido en 455.684 personas. Es un lugar común despachar esta paradoja como la consecuencia del uso de diferentes metodologías estadísticas por parte de la Seguridad Social (que recoge una media mensual) y el SEPE (que sigue un registro a último día de mes). Pero esto no explica que la ‘brecha’ entre el aumento de la afiliación y caída del paro.

 

Un primer factor a considerar es que muchos trabajos van a personas que antes no aparecían en las estadísticas de paro (por tratarse de inmigrantes recién llegados o personas que no estaban inscritas en las oficinas de los servicios públicos de empleo), un fenómeno muy habitual, sobre todo, entre los jóvenes.

El segundo determinante es la rotación del mercado laboral provocada tradicionalmente por un elevado volumen de empleos de muy corta duración, que explica que las salidas del paro por encontrar empleo se vean compensadas por un elevado volumen de personas que vuelven a él cuando acaba su contrato. El problema es que los datos del SEPE de demandas de empleo no desglosan si la inscripción se debe al fin de un contrato temporal, un despido o el pase a la inactividad de un fijo discontinuo. Paro encontrar esta información hay que acudir a las estadísticas de prestaciones.

No todas las personas sin trabajo inscritas en los servicios públicos de empleo cobran prestación: la tasa de cobertura ronda el 70%. Y además, este porcentaje está ‘inflados’ por el peso de casi 150.000 los fijos discontinuos que cobran una ayuda sin contar como parados registrados. Por otro lado, su impacto en el ‘stock’ de desempleados es limitado porque muchas de esas prestaciones obtenidas son de corta duración (en 2023 hubo 4 veces más altas de prestación de subsidio que beneficiarios medios al mes).

Esta volatilidad entre los que se apuntan al paro y los que permanecen en él hace que los análisis pongan el foco en el ‘stock’ de estos últimos, que, recordemos, sigue bajando. Pero analizar esta volatilidad es un indicador revelador porque nos dice mucho de la posibilidad de que un cambio de ciclo o una crisis invierta la relación entre evolución del empleo y el paro. Es decir, se destruya afiliación con la misma intensidad con la que se crea. Algo que, como nos recuerdan los datos de la pandemia, ocurre con mucha facilidad en nuestro mercado laboral. la pregunta, por tanto es si la reforma laboral ha reducido este riesgo.

Los datos del organismo dependiente de trabajo confirman que la primera causa para recibir una prestación de paro o un subsidio en España es la caducidad de un contrato de duración determinada. En 2023 sumaron 1,9 millones, mucho menor que las registradas en 2019 cuando llegaron a 2,9 millones. De esta forma, han pasado de explicar el 44% de las altas al 29%.

Aunque los fijos discontinuos existían décadas antes de la reforma laboral, ha sido esta la que ha disparado su uso, y con ello este efecto colateral. Las personas con un contrato fijo discontinuo que no trabajan y están dadas de baja a la Seguridad Social a la espera de un nuevo llamamiento. En ese supuesto no son considerados parados por el SEPE, con lo cual el paro no aumenta. Pero por el mismo motivo cuando se reincorporan a su empleo suman una nueva afiliación sin restar nada a las cifras de desempleo.

Aun así, no basta para explicar el decalaje de datos: el auge de los indefinidos ordinarios, más estables, debería contribuir a un descenso mayor del desempleo y la explicación está en que estos también sufren una mayor rotación laboral tras la reforma, que resta impacto a esta mejora.

Radiografía del despido

El incremento de los despidos entre los indefinidos es incuestionable. No solo lo muestran los análisis del supervisor, también las ratios de altas y bajas de Seguridad Social, que hablan de casi 992.000 despidos (de las que 811.000 llevaron a un alta de prestación). También la Estadística de Despidos y su Coste que elabora el propio Ministerio de Trabajo, que revela que el 71% de los ceses en 2022 se produjo en empleos de menos de un año de duración. Esto apunta a un desplazamiento de la dualidad del mercado laboral que ya no ocurre entre temporales e indefinidos sino entre indefinidos en función de su antigüedad.

El hecho es que en 2023, segundo año de la reforma laboral en vigor, los ceses han seguido aumentando y los datos de los primeros meses de 2024 apuntan a que la tendencia se mantiene al alza.

 

Si analizamos con mayor detalle estos datos obtenemos una paradoja: el aumento interanual en el número de altas que podemos achacar a la reforma laboral suma 362.193 (172.902 por despidos y 162.593 por inactividad de fijos discontinuos y 26.698 por periodo de prueba) y superan el descenso provocado por ella (las 313.043 altas menos por el fin de un contrato temporal ).

De hecho, la suma de las altas por fin de un contrato temporal, despido o pase a la inactividad de un fijo discontinuo en 203 fue de 3,5 millones en 2023, frente a los 3,48 de 2022. Una evolución que apunta a que la tendencia de reducción de la volatilidad se ha estabilizado antes de que la reforma laboral cumpliera dos años, lo que implica que los beneficios de la norma han tocado techo.

Algo que resulta especialmente preocupante habida cuenta que España sigue liderando no solo la tasa de paro, sino también los datos de rotación del empleo en la Unión Europea, lo que matiza el entusiasmo por la intensidad con la que aún se mantiene la creación de empleo.

Fuente: El Economista ¿Por qué el récord de empleo no lleva el paro a mínimos? La clave está en los despidos (eleconomista.es)

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