El futuro de las pensiones

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Hace unos días, el Ministerio de Trabajo anunció que el Gobierno utilizaría 7.500 millones de un préstamo en la Seguridad Social para hacer frente a las pensiones de julio, que, con la paga extraordinaria, llegan a los 19.000 millones de euros. Estas han pasado de suponer el 7,6% del PIB español en el 2008 al 10% en el 2018. ¿Cuál es el futuro de las pensiones? Las pensiones dependen de tres elementos fundamentales. El primero es la proporción entre pensionistas y población en edad de trabajar, es decir, la tasa de dependencia. Con la disminución de la fertilidad y el incremento de la esperanza de vida, esta está aumentando. Hoy, en España es del 29,8% y se estima que se doblará en tres décadas. El segundo es la proporción de aquellos en edad de trabajar que están trabajando, denominada tasa de empleo. Si de aquellos en edad de trabajar, pocos trabajan, las pensiones son menos sostenibles. En España, la tasa de empleo es del 63,2%, por debajo del 68,9% de la Unión Europea. El tercero es el que supone la pensión media con respecto al salario medio. Si los salarios son bajos, las pensiones que nos podremos permitir difícilmente podrán ser muy elevadas.

Frente a esto, tenemos diferentes opciones: podemos seguir diciendo que aquí no pasa nada; podemos intentar hacer cuadrar las matemáticas, dedicando más recursos a las pensiones, pero endeudándonos o sacando dinero de otro sitio o, finalmente, podemos cambiar las cosas. Se ha hablado de muchas alternativas para la sostenibilidad de las pensiones, yo hoy me quiero centrar en una: la creación de buenos puestos de trabajo y de los mecanismos que nos permitan ser una sociedad con capacidad de generar “buenos trabajos”.

Eso no es fácil en un mundo donde la globalización y las nuevas tecnologías han generado mucha prosperidad, pero también han dejado personas atrás. ¿Cómo podemos conseguirlo? La inversión en educación es fundamental y no sólo para los jóvenes estudiantes. La formación continuada es una condición necesaria para los trabajadores, que necesitaremos formarnos y reinventarnos constantemente para poder adaptarnos a las tecnologías que evolucionan cada vez más rápidamente. Hay que adaptar currículums y habilidades a las necesidades del mercado laboral del futuro. La regulación y las instituciones del mercado laboral también son importantes. Estamos compitiendo en un mundo de talento global y la regulación tiene que facilitar la atracción y retención de talento en nuestras ciudades, con unas instituciones del mercado laboral que ayuden las empresas a crear mejores trabajos.

Finalmente, la apuesta por la innovación. Si bien históricamente las mejoras en calidad de vida han ido acompañadas de innovación y tecnologías, también es cierto que no todos los cambios tecnológicos son iguales. Nosotros escogemos por qué tecnologías apostamos y algunas pueden tener un impacto más positivo que otras sobre el empleo y los salarios. Muchas nuevas tecnologías han dado lugar a la generación de empleos nuevos, que pueden acabar creando mejores y más puestos de trabajo que los empleos tradicionales. El reto consiste al ser capaces en aprovechar el potencial de las nuevas tecnologías para crear buenos trabajos para la población y no sólo para sustituir trabajo por capital. No es fácil, pero hay formas de conseguirlo y tenemos que intentar entender cuáles son y apostar por ellas, apoyando o incentivando este tipo de innovación. Cambiar la estructura de los trabajos que creamos requerirá sin duda un cambio de prioridades y un nuevo enfoque con el esfuerzo de todos. Es una decisión consciente, una apuesta como sociedad.

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