¿ EL FINAL DE LOS GOBIERNOS “PROGRESISTAS REACCCIONARIOS”?

La idea de progreso es una de las más recientes, y también una de las más manipuladas. Nació durante la ilustración, gracias a pensadores empeñados en razonar la idea de progreso hacia mejor. Una idea audaz, pues pocas evidencias invitaban a semejante optimismo, ya que dominaban la guerra, la ignorancia, la opresión y la miseria. Concibieron el progreso a mejor como el resultado histórico del avance de las ciencias y los conocimientos, la extensión de la educación entre ambos sexos, la adopción de políticas favorables a instaurar la prosperidad, la igualdad de derechos y la libertad en todos los órdenes, y el consecuente retroceso de la superstición, el despotismo y la miseria. En palabras de Kant, progreso es “implantar una constitución que, por su índole, sin debilitarse, apoyada en auténticos principios de derecho, pueda progresar con constancia hacia mejor”.

 

 

En cualquier caso, la confianza entusiasta en el progreso pasó a ser roca angular común de liberales, republicanos, demócratas, socialistas y librepensadores en general, a diferencia de la fe en la superioridad del pasado patrimonio de tradicionalistas y reaccionarios de todas las clases.

 

Hoy muchos creen que el liberalismo no es sino la defensa inmoral de la plutocracia, igual que otros creen que el socialismo es pura maldad (y muchos populistas creen ambas cosas). En el trámite, pocos conceptos han sufrido la triste degeneración de la idea de progreso, convertido hoy en progresismo reaccionario.

 

No caben muchas dudas de que la principal culpable de la degradación total del concepto es esa izquierda, hoy hegemónica en España y no deja de estar lleno de sentido que la izquierda reaccionaria haya inventado el progreso reaccionario, ese oxímoron (semejante a luz oscura o el silencio atronador). A diferencia de la idea original, el progreso reaccionario pretende paralizar la historia, impedir todo cambio futuro que pueda desalojarla del poder.

 

Este plan requiere un cambio laborioso del lenguaje: todos los que se oponen a semejante proyecto genuinamente antiprogresista automáticamente son acusados de reaccionarios -coloquialmente fachas-, mientras que sus socios en el empeño de aferrarse al poder para siempre pueden ser, como los socios de Sánchez, comunistas, antisemitas, animalistas, wokistas, supremacistas, terroristas y golpistas de diversa catadura que nadie habría nunca antes llamado progresistas en sentido ilustrado. Una coalición siniestra que recuerda tenebrosamente, y no por casualidad, las establecidas contra la democracia liberal en la época del fascismo histórico y del comunismo frentepopulista.

 

El Gobierno de Sánchez tiene un ministro que ha definido a Bildu como “partido democrático progresista” pues Bildu es “progresista” simplemente porque es socia del PSOE, que es quien da el carnet de progresista aunque antes hayan asesinado a verdaderos progresistas (también los socialistas vascos) y ahora esté colaborando con Sánchez en el asesinato de la Constitución española.

 

También son progresistas, y por el mismo motivo de apoyar al Gobierno de Sánchez, los antaño tachados, con cierta razón, de al menos supremacistas e incluso de xenófobos, léase el PNV y Junts (heredera de lo más reaccionario de Convergencia Democrática de Cataluña)

 

Respecto al futuro, lo que dice la teoría ilustrada del progreso es que no puede predecirse en detalle, más allá de que las mejoras y ganancias serán superiores a los perjuicios y daños, y que los episodios reactivos de violencia y fanatismo serán vencidos por las políticas progresistas liberales y democráticas. Si examinamos la realidad material del mundo presente, no hay duda de que la teoría del progreso ilustrado acertó en muchas previsiones, aunque resultara ingenuo en algunas confianzas, como la del rigor lógico del propio lenguaje. En efecto, el progresismo reaccionario ha robado el concepto y lo ha colgado cabeza abajo pues exige todo el poder para sus camarillas, demoniza a la oposición, promueve la fractura maniquea de la sociedad para destruir la ciudadanía, sustituye la educación e información por el sectarismo y la mentira sistemáticas, el derecho por la identidad, la igualdad por la diversidad, y la ciencia por supersticiones.

 

Sin embargo el progreso histórico existe. También el fascismo y el comunismo intentaron borrar la democracia liberal presentándose como las verdaderas democracias populares, y fracasaron en el empeño. Es necesario no abandonar en sus manos el lenguaje, la educación ni las ideas

 

Lo cierto es que este Gobierno, en contra de lo reiteradamente anunciado y publicitado ha incendiado Cataluña, el País Vasco y Navarra y ahora va a por el resto de España y, si le dejan, a por toda Europa

 

Pedro Sánchez en el discurso pronunciado ante la Eurocámara hizo un mitin de partido en lo que debía de ser un discurso institucional, faltó al respeto a diputados que lo trataron con respeto e intentó aleccionar a políticos y partidos con una trayectoria más respetable que la suya propia. Así Sánchez ha conseguido que Europa se preocupe, y mucho, de la situación institucional. España está siendo objeto de comentario en la Comisión Europea, la propaganda está dejando ya de colar en Europa y toda Europa empieza a tener claro que no hay precedentes equiparables a la actitud del presidente español

 

Alberto Núñez Feijóo, ha calificado de «engendro legal» y «un acto de corrupción política» el hito fundacional del Gobierno de Pedro Sánchez y le ha advertido al presidente del Gobierno que «la propaganda está dejando ya de colar en Europa».

 

Incluso dentro del propio PSOE alertan por el hundimiento de Sánchez en la UE: se han convencido de que es un problema y ha dilapidado su crédito en la Unión Europea ganado con ciertos posicionamientos audaces y un cinismo sin parangón.

 

Sánchez se olvidó por completo que hay una coalición tripartita de conservadores, socialdemócratas y liberales gobernando Europa desde hace tiempo, y realizó un ataque casi nominal al líder del Grupo Popular Europeo, Manfred Weber. Los liberales también reniegan cada vez más de Sánchez y el comisario europeo de Justicia, Didier Reynders, se enfrenta a diario con el Gobierno de Sánchez a raíz de sus contínuos ataques al Estado de Derecho en España. Eso sí, Sánchez lidera la familia socialdemócrata europea, pero el desplome de socialistas y liberales en toda Europa y el avance de la extrema derecha en muchos países ponen ahora mismo en duda la viabilidad de reeditar una coalición tripartita como la que ha gobernado Bruselas en los últimos tiempos y que, según muchas fuentes, es la verdadera ambición de Pedro Sánchez en liderar cuando finalice su tarea de descomposición de España, en la que, es justo reconocer, lleva buen camino.

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