DESMONTANDO LA EUFORIA DEL GOBIERNO SOBRE EL EMPLEO

Casi 750.000 mayores de 50 años llevan más de dos años buscando empleo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sacó pecho hace unos días al referirse a los datos de la Encuesta de Población Activa del cuarto trimestre y, por extensión, del año 2023, a los que calificó de “extraordinarios”. La EPA confirmó el aumento del número de ocupados en 783.000 durante el pasado año, la cifra más alta en un ejercicio normal; es decir, descontando los de 2021, muy inflados por la recuperación de la actividad económica tras la pandemia, y los de 2005, desvirtuados por una regularización extraordinaria de inmigrantes.

 

Las cifras del Instituto Nacional de Estadística sitúan el número total de ocupados en 21,25 millones de ocupados. Además, el paro ha bajado por vez primera en los últimos dieciséis años de los tres millones de personas, hasta el 11,7% de la población activa. El número de parados nunca ha estado tan cerca entre los que dice la EPA (a través de una encuesta) y el SEPE (personas registradas en el Servicio Estatal de Empleo Público): 2,83 millones de la primera y 2,71 millones.

 

El análisis pormenorizado de los datos del Ministerio de Trabajo ensombrece el panorama tan despejado del que habló Sánchez hace una semana. A cierre del pasado año, un ejercicio de récords, había en España 4,42 millones de personas buscando un puesto de trabajo, de los que 1,05 millones, casi uno de cada cuatro, llevan en esa situación nada menos que más de dos años, y 1,65 millones, al menos un año.

 

El problema es más dramático en las mujeres que en los hombres: de las 4,4 millones de demandas de empleo pendientes, 1,813 millones, el 59% de quienes buscan trabajo, son mujeres, y el 41%, hombres.

 

Si para muchos de los expertos uno de los dramas del mercado laboral español está en la ocupación de los jóvenes, para otros, los problemas más difíciles de resolver están en la empleabilidad de los más mayores, semicondenados, en la mayor parte de las grandes empresas, a abandonar su puesto de trabajo a cambio de una indemnización como muy tarde a los 55 años de edad.

 

Las cifras hablan por sí solas: de los 4,4 millones de las demandas de empleo pendientes, 1,98 millones, el 44,76%, son mayores de 50 años y algo más de 2,5 millones, tienen más de 45 años, el considerado por muchos “ecuador” de una vida laboral.

 

No sólo son las cifras absolutas las que preocupan, sino el tiempo que llevan esperando a que encaje su petición con una oferta empresarial y la edad de quienes aspiran a seguir estando ocupados en el mercado laboral. Hay más de un millón de personas con más de 50 años de edad que llevan esperando un puesto de trabajo desde hace al menos un año y 746.384 cuyo tiempo de espera es superior a los dos años. Esta cifra se descompone en 153.163 demandantes de entre 50 y 54 años; 236.576, de entre 55 y 59 años, y nada menos que 356.645 que al menos han cumplido los 60 años.

 

España es uno de los países donde las carreras laborales son más cortas en el conjunto de los países de la Unión Europea y donde la tasa de paro de los mayores es más elevada. De acuerdo con los últimos datos del INE correspondientes al cuarto trimestre de 2023, a cierre de diciembre había en España 533.300 desempleados con al menos 55 años cumplidos, lo que equivale a hablar del 18,84% del total. Entre los 45 y 54 años había otros 624.000 parados, el 22%.

 

Los expertos piensan que hay pocos incentivos por parte del Gobierno para que las empresas apuesten por los seniors, sobre los que siempre pesa la sospecha de que sus pretensiones salariales van a ser más elevadas que la de los más jóvenes y su implicación y motivación, muy inferiores.

 

Hemos pagado 22.123 millones por desempleo, un 6,5 % más que en el 2022

Hay quienes creen que el dinero que los desempleados reciben en forma de prestaciones contributivas (las que van en proporción a las cotizaciones abonadas durante la vida laboral) o de subsidios (especialmente pensadas para aquellos desempleados de larga duración y con escasas posibilidades de reincorporarse al mercado laboral por su edad) desmotivan la búsqueda de un puesto de trabajo a partir de una determinada edad que ahora está fijada en 52 años y que bajará, bajo ciertas condiciones, a 45 años.

 

El análisis detallado de los datos del SEPE muestra que de los 746.384 demandantes de empleo mayores de 50 años que llevan registrados al menos desde hace dos años, 531.527 están parados, el 71,2% del total, y 214.857 (el 28,8%), no . De forma más particularizada aún, en la franja de 50-54 años hay 122.192 personas que están en paro y sólo 30.971 sin estar parados; en la franja de entre 55 y 59 años, 185.539 frente a 51.03, y entre los 60 y 64 años, 223.796 contra 132.849.

 

La Subdirección General de Estadística y Análisis Sociolaboral, saca todos los meses el número de beneficiarios de prestaciones de desempleo y el monto que se paga mes a mes por estos conceptos. Este año hemos terminado pagando 22.132 millones de euros, que en definitiva es un 6,5 % más de los 20.787 millones que pagamos en el año 2022 y un 26,7 % más que los 17.474 millones que pagó el anterior equipo gestor en el año 2017.

 

En los 12 meses del año hemos pagado siempre más que en el 2022, y eso debe de ser porque en todos los meses del año había más gente cobrando el desempleo.

 

El primer trimestre, fue el menos malo, y solo crecimos un 3,8% en costes de prestaciones, pero como siguieron haciéndolo mal, el segundo trimestre fue peor y el coste de las prestaciones se fue a un 7,8 % más, tal es así, que al cierre del primer semestre ya nos habíamos gastado 600 millones más que en 2022, que equivalió a crecer un 5,6 % en los 6 primeros meses.

 

El tercer trimestre, el del turismo a tope, seguimos creciendo un 7,3 % con respecto al mismo período del 2022 y en el cuarto, que están las ventas del «Black Friday» y de la Navidad y los Reyes, pues seguimos creciendo otro 7,3 %, que nos lleva a que el segundo semestre hayamos necesitado otros 750 millones más que en 2022.

 

Así que si sumamos los dos semestres, nos encontramos con que el estado ha tenido que rascarse 22.132 millones de euros, que suponen casi 1.400 millones más de coste.

 

Por desgracia, esta es la realidad, un año de crecimiento de la economía según el INE de la Sra. Manzanera de un 2 %, no solo no ha servido para crear empleo, sino que hemos tenido que gastarnos como país 1.400 millones más en prestaciones por desempleo.

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